
En nuestros escritos siempre hemos resaltado el papel prioritario de las artes dentro del contexto del desarrollo social. Estas, en cualquiera de sus manifestaciones, impactan todos los renglones de la convivencia: la Economia, la estética de los espacios públicos, nuestra historia y tradiciones y, como resultado de ello, el desarrollo sicológico, emocional e intelectual de los ciudadanos, lo que les provee las herramientas para interactuar en sociedad de manera positiva.
Soy fiel creyente de la fusión de las artes para que se complementen y se manifiesten con propósito, más allá del mero divertir, para que así dejen huellas y un mensaje educativo. Buen y hermoso ejemplo de ello lo constituye el telón que sirve de marco al Teatro Raúl Juliá del Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR), localizado en la Avenida de Diego Núm. 299, en Santurce, cuya inauguración aconteció el 1 de julio de 2000. Esta importante institución, sin fines de lucro, cumple la misión de enriquecer las vidas de sus diversos públicos haciéndoles accesibles el conocimiento, la apreciación y el disfrute de las Artes Visuales de Puerto Rico y del resto del mundo.
La referida sala fue concebida para fomentar el desarrollo de todas las expresiones escénicas y educativas de la comunidad. Se le dotó de los más modernos y sofisticados equipos audiovisuales, antena de telecomunicación para videoconferencias y sistemas de luces y sonido que lo hacen idóneo para toda clase de eventos artísticos. Acomoda 400 espectadores. En su moderna área de recibidor se exhibe la obra Horizonte, mural sobre lienzo creado por el muy reconocido Carmelo Sobrino, sobre quien abundaremos en otro escrito. Este teatro perpetúa el recuerdo y honra el legado de Raúl Juliá – bautizado con el nombre de Raúl Rafael Juliá Arcelay – (n. en Santurce, marzo 9, 1940 – m. en Manhattan, Nueva York, EE.UU, octubre 24, 1994), consagrado como uno de los grandes actores latinoamericanos de todos los tiempos y cuya carrera se desarrolló, principalmente, en el circuito teatral de Broadway y en la cinematografía hollywoodense. En la Meca del Cine se hizo acreedor al codiciado premio Globo de Oro.

En el documental Encajar en el Mundo, que recoge las experiencias vividas durante la elaboracion de la pieza, el autor intelectual de esta obra, Antonio Martorell, declara:“Me puse a jugar con las islas del Caribe como si fueran piezas locas de un rompecabezas que no sabía para dónde iban. Me di cuenta que esto no es tan diferente a lo que está pasando. Que las migraciones constantes de nuestros pueblos, por razones políticas, sociales, económicas, raciales, culturales y lingüísticas, no sólo en el Caribe sino en todas partes, responden a esa necesidad de buscar un nuevo modo de encajar en el mundo. Entonces me pregunté ¿por qué no llevar esto al encaje mismo? Porque estos dibujos servirían como referencias para crear mundillos. Pensé en las tejedoras de Puerto Rico y en la tradición del mundillo boricua”.
Mundillo nuestro constituye, ademas, un respaldo a nuestra industria de la aguja. Entre las artes de la aguja y el tejido que se han practicado en Puerto Rico, el mundillo es el único que ha evolucionado, adaptándose a los cambios de la moda, los gustos y el mercado, logrando alcanzar reconocimiento internacional. Es atesorado tanto por la destreza que requiere la belleza de su entramado, como por el valor sentimental que adquiere cuando determinada pieza se convierte en símbolo u objeto evocativo de alguna ocasión especial. Su nombre se deriva del almohadón sobre el cual se ejecuta, que es un cilindro que da vueltas sobre un eje horizontal.

El origen del mundillo es bastante confuso. Muchos historiadores lo ubican en Egipto durante los siglos 6 y 7. Otros en Italia y algunos en Francia. Para poder entrelazarla, la ubicaremos en Europa. En lo que a nosotros se refiere y según documentos históricos que poseemos, allá para 1871, estando Francia en estado de Guerra, residentes haitianos llegaron a Puerto Rico y se establecieron en el barrio Aceitunas, de Moca, introduciendo aquí el encaje del mundillo. Por su alta calidad, aquellos tejidos se hicieron muy codiciados entre las clases sociales privilegiadas españolas. Entiéndase, aristócratas, militares, religiosos y miembros de la Judicatura.
Muchas españolas adineradas residentes en Puerto Rico solían emplear a trabajadoras mocanas para el servicio doméstico. No pocas ya habían descubierto los secretos de este arte, siendo excelentes tejedoras. Fueron éstas quienes cimentaron nuestra propia historia sobre el tejido del mundillo. Los comerciantes comenzaron a mercadear sus trabajos – incluso, en el extranjero – y los turistas a adquirirlos. Hoy día, nuestras tejedoras pertenecen a todas las clases sociales y enaltecen la historia como catedráticas y profesoras del encaje de mundillo.
El Teatro Raúl Juliá recibe visitas de lunes a domingos desde las 9:00 de la mañana hasta las 11:00 de la noche. Está disponible para eventos artísticos y culturales. No así para actividades de carácter político-partidistas ni religiosas. Pueden solicitar mayor información a través del número telefónico (787) 977-6277.