
Desde su niñez, José Julián «Pepe» Beníquez (n. y m. en San Sebastián del Pepino, febrero 16, 1920 – febrero 28, 2009) se destacó en diversas disciplinas deportivas, pero fue en el baloncesto alcanzó trascendencia a nivel nacional. Este gran atleta boricua fue el tercero de los doce hijos procreados por el matrimonio que formaron Juan María Beníquez Mantilla y Eleuteria «Laura» Font Cortés. Sus compueblanos siempre lo reconocerían como el primer baloncelista que los representó en torneos internacionales. Específicamente, en República Dominicana y Panamá (1944) y Hawaii (1945).
Sus pinitos en el ámbito deportivo fueron integrado un equipo que se había organizado en el Pepino, afiliado a una liga infantil, cuando contaba nueve años. Con aquel conjunto recorrió canchas de Aguadilla, Arecibo, Camuy, Hatillo, Isabela y Lares. A los once, también participó en competencias de pista y campo bajo la supervisión del entrenador y líder recreativo Laíto Sifre. Tras graduarse de Octavo Grado en 1935, pasó a la Academia Santa Rita que dirigía el sacerdote José Aponte. Durante su etapa en aquella institución fue seleccionado para formar parte del equipo Futuras Estrellas, que impulsaba Vivico Quiñones y era integrado por los más prometedores jugadores de la región Oeste.
Forzado por presiones económicas y la necesidad de colaborar al sustento familiar, en 1937 abandonó sus estudios regulares para trabajar en las faenas que le aparecieran. Solía narrar que, aquel mismo año, los promotores Wichy Calderón y Sergio Méndez le diligenciaron la mandatory licencia de boxeador que le permitió participar en una cartelera que se celebró en la Arena Pepino que, al parecer, fue un solar preparado para la ocasión. Su incursión en el pugilismo, combatiendo en la división mediana, resultó efímera, pues luego de algunos encuentros ante peleadores de poca relevancia, un fuerte golpe bajo que le propinara el más reconocido Luis Ortiz «Pete Martin Jr.» lo obligó a colgar los guantes. Ya recuperado, retornó al baloncesto.
En 1939 se incorporó al equipo Camuy Eagles o Águilas de Camuy, en una liga aficionada. Al año siguiente, 1940, militaba en el de la Escuela Superior de Lares y, durante las temporadas del período 1941-1943, en el de su natal San Sebastián del Pepino. Con este colectivo resultó Jugador Más Valioso en 1942... aunque la serie regular fue ganada por los Atléticos de San Germán.
Al año siguiente, 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, fue reclamado por el Ejército de Estados Unidos. Recibió su entrenamiento militar en el Campamento Tortuguero, en Vega Baja, que contaba con uno de los equipos pioneros y más fogosos de la Liga Puertorriqueña de Baloncesto – antecesora directa de la Liga de Baloncesto Superior –, el cual era dirigido por Rodrigo «Guigo» Otero Suro. Como era de esperarse, fue incorporado al mismo de inmediato. La poderosa plantilla de aquel Trabuco era integrada por el sensational Arquelio Torres Ramirez y los muy admirados Afi Acosta, Francis Biaggi, Manuel «Maguelo» Martínez, Orlando «Rajao» Ramirez y los hermanos Nazario. Aquel mismo año, el equipo se enfrentó a una Selección Cubana y se proclamó Campeón de Puerto Rico, siendo Pepe Beníquez uno de los pilares de aquel triunfo.
En 1944, junto a sus compañeros Arquelio, Biaggi, «Guigo» y «Maguelo», más César Cordero, Pepe Cumba, Juan Elías, Roque Nido y Carlos Ruiz, integró la selección de jugadores soldados denominada Dump Trop que participó en una Serie Triangular celebrada en Santo Domingo, enfrentándose a las selecciones de Cuba y República Dominicana. La victoria correspondió a los boricuas. Poco después, con el equipo Tortuguero, participó en un tornero celebrado en Panamá.
En 1945, Arquelio, quien había sido asignado a una base de Hawai, organizó un equipo al que bautizó con el nombre de Los Cocorocos para participar en un torneo frente a los de otros trabucos militares. Para reforzarlo reclamó a Pepe Beníquez. Tan poderoso era aquel colectivo, que conquistó el Campeonato de las Fuerzas Armadas, terminando invicto en 36 partidos. Aquel mismo año, encontrándose en Okinawa, Japón, cumpliendo obligaciones militares, aconteció el fin de la Guerra, lo que supuso su regreso a la vida civil en nuestra patria.
Poco tiempo después, gracias a las gestión de su compueblano Pablo «Paví» Méndez Cabrero, agricultor y deportista y que llegaría a ser alcalde de Arecibo en dos oportunidades (1970-1972 y 1981-1984), logró ser incorporado a los originales Capitanes de Arecibo, fundado por Tingo Díaz , Wilfredo Franco y Piro Méndez. Con ellos vivió su etapa más exitosa como jugador, que fue durante el período 1946-1953, al cabo del cual se retiró. En aquel trabuco tuvo como compañeros a los hermanos Manuel Gilberto «Petaka» y Enrique «Quicón» Iguina, Joaquín Balaguer, Enrique Cruz, Abdiel De la Rosa, Rafael Martínez, Alberto Rentas, Cese Rodríguez y Armando Villamil, entre otros. El debut de éstos fue bastante halagador, pues resultaron subcampeones. La suerte en aquella temporada inicial correspondió al equipo de Río Piedras, que se alzó con el campeonato.
Sin embargo, su adiós a las canchas de baloncesto como competidor no significó su alejamiento del quehacer deportivo. Durante los próximos cinco años trabajó como Oficial de Custodia en la Penitenciaría de Río Piedras, a donde llevó la práctica de baloncesto, béisbol y volibol entre los reclusos. Retornó definitivamente a su pueblo al conseguir un empleo en la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) que mantuvo hasta su retiro en 1985. Pero, a lo largo de todo este tiempo y casi hasta el final de su vida, alternó sus obligaciones con la referida institución con su desempeño como dirigente y entrenador del equipo de béisbol Clase A de su pueblo primero y, a partir del segundo lustro de los ‘60, como coach de los Patrulleros de San Sebastián en la Liga Doble A. En esta novena figuraron, muy destacadamente, sus hijos José Juan «Pepito» y Juan José «Tití», quien se convertiría en el primer beisbolista pepiniano en llegar a las Grandes Ligas, al debutar con los Medias Rojas de Boston en septiembre de 1971.
Por otro lado, también era aficionado a las peleas de gallos. Durante sus últimos años, entrenó como boxeador a su hijo menor, José Arquelio «Pote» Beníquez. Además de los tres mencionados, con su primera esposa, Clemencia Torres, también procreó a Diana y crió a su sobrino Ney Beníquez. Frutos de dos enlaces posteriores son otros cinco hijos. Sus últimos años los pasó con su tercera esposa, doña Santa Pilar Medina Jiménez. ![]()