Yasmín Hernández: La Pintora de la Diáspora Boricua
“Considero mi vida acá una forma de exilio, porque soy totalmente puertorriqueña”, manifiesta.
 
 
Por Rosa Rebecca Aymat López
De KooltourActiva
 
                                           
              “Yo no nací en Puerto Rico… Puerto Rico nació en mí”-
Mariposa Fernández (poetisa “nuyorican”)
 
 
Luego de que el congresista Luis Gutiérrez Olmeda denunciara la violación de derechos civiles a sus coterráneos en el pleno de la Cámara de Representantes federal y, de paso, arremetiera contra el gobernador Luis Guillermo Fortuño y su muy criticada y condenada administración, el Comisionado Residente, Pedro Pierluisi, más otros lideres del PNP, le salieron al paso al referido deponente, recriminándole que se expresara sobre asuntos de Puerto Rico dada la circunstancia de que él no nació en esta Isla. Como es de conocimiento público, Gutiérrez Olmeda nació en Chicago, Illinois, el 10 de diciembre de 1953, hijo de boricuas nativos de San Sebastián del Pepino, municipio donde él vivió durante su niñez y donde cursó parte de sus grados académicos secundarios.
 
En Puerto Rico fue a la Universidad e, incluso, llegó a ejercer el Magisterio en una escuela pública de Las Marías. Y, como millares de nacidos en Chicago, Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos, jamás ha tenido reparos en proclamarse boricua amén de pepiniano –, a diferencia de gran número de ciegos defensores de la estadidad que, habiendo nacido aquí, se jactan de llamarse norteamericanos” sin siquiera hablar inglés o apenas “masticarlo”. Ante los gringos anglosajones, ningún asimilado será visto alguna vez como tales, pues para ellos se acuñaron dos “gentilicios” de los cuales jamás podrán desprenderse: hispanos y latinos. ¿Cuál les gusta más?
 
Lo que verdaderamente resulta inexplicable es que esos que le “cayeron arriba” a Gutiérrez de repente olvidaran que buen número de sus compañeros en el Capitolio también nacieron allá, comenzando con los dos últimos que han ocupado la presidencia senatorial: Kenneth McClintock (hijo de británico y nacido en Londres) y Thomas Rivera Schatz, quien vio la primera luz en Nueva York. Ahhhprecisamente en Chicago fue donde a Norma Burgos le pusieron sus primeros culeros. Y, para variar un poco, el PNP cuenta en la Legislatura hasta con un cubano llamado Roberto Arango Vinent. Ante ese panorama, ¿qué demonios esperan Pierluisi y su corillo para salirle al paso a éstos cada vez que abran sus ruidosas bocazas para referirse a Puerto Rico?
 
¿Son puertorriqueños sólo quienes nacen en Puerto Rico?
 
Esta controversia nos lleva a reflexionar sobre lo que es, realmente, ser puertorriqueño. ¿Lo es sólo el quien nace en Puerto Rico? La respuesta a esta pregunta es un tanto compleja. Y, para contestar esta y otras interrogantes es necesario tomar en consideración el impacto de la emigración masiva de nuestros compatriotas a Estados Unidos. Tal fenómeno desembocó en cambios significativos sobre la manera de interpretar lo que es ser puertorriqueño.
 
Tradicionalmente ha existido poca comunicación e intercambio entre los boricuas de “acá” y los de “allá”, especialmente en lo que respecta el campo cultural. Ese aislamiento mutuo y la incomunicación cultural obedecen, por lo menos en parte, al hecho innegable de que existen diferencias marcadas entre ambos grupos, ya que no es lo mismo ser puertorriqueño en un estado como Nueva York que serlo en la Isla. El de “allá” se ubica dentro de un contexto donde lo definen y se autodefine como miembro de una minoría étnica. Mientras que, por el contrario, el de “acá” se formó en un ambiente que considera propio y no tiene que experimentar la discriminación, los prejuicios y la marginación. También la búsqueda de identidad nacional es un asunto complicado para los de “allá”, pues cuando están en Estados Unidos son tratados como “hispanos”, mientras que cuando visitan Puerto Rico no suelen ser tratados como de aquí.
 
La mayor incomprensión se da en el caso de los hijos de emigrantes que partieron durante la gran oleada que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, es precisamente entre los integrantes de la segunda generación de puertorriqueños en Estados Unidos nacidos durante las décadas de los ‘40’ y los ‘50’ que se comenzó a forjar lo que se conoce como la Literatura de la Diáspora.
 
Uno de los escritores más representativos de la diáspora por sus poemas de afirmación de la identidad puertorriqueña en Estados Unidos es Tato Laviera, nacido en Santurce, en 1951. Este poeta emigró hacia la Gran Urbe junto a sus padres cuando contaba diez años de edad. En uno de sus poemas, Nuyorican, él refleja la situación de la Diáspora. Un extracto dice:  

“Me mandaste a nacer nativo en otras tierras.
¿Por qué? Porque éramos pobres, ¿verdad?
Porque tú querías vaciarte de tu gente pobre.
Ahora regreso con un corazón boricua

y tú me desprecias, me miras mal, atacas mi hablar,
mientras comes Macdonalds en discotecas americanas,
y no pude bailar la salsa en San Juan,
la que yo bailo en mis barrios llenos de tus costumbres”.
 
Esta realidad de lo que significa ser hija de emigrantes puertorriqueños también la ha tenido que vivir la artista Yasmín Hernández. Entrevistada para los lectores de KooltourActiva, ella nos relata el dilema que enfrentan a diario los llamados nuyoricans. Además, nos brinda su opinión sobre la controversia desatada sobre Gutiérrez y nos habla de su carrera.
  
KTA: ¿Cuando te afloró la inquietud por la Pintura?
 
Yasmín Hernández realizó estudios formales
de Pintura desde que contaba trece años de edad.
 
“Empecé a pintar a la edad de trece años, bregando con las pinturas de mi mamá. Veía programas de televisión en que enseñaban a los niños a dibujar y así comencé. Ya tenía el interés, porque mi hermano era grafitero y mami siempre estaba pintando algo, como palos de aguacate en las paredes del apartamento. Ella también montaba espejos en la pared detrás del fregadero y le pintaba flores y pajaritos para crear una ventana imaginaria con una vista al jardín de sus sueños. Era una forma de capturar a un pedazo de Puerto Rico en una zona urbana de Brooklyn. A los trece años, también fui aceptada en LaGuardia High School Of Music and Arts, en Manhattan. Luego fui a la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York. Allí me enfoqué en la Pintura. Después de graduarme pasé varios años planeando convertirme en profesora de Historia, ya que se me había despertado gran interés por la cultura de Puerto Rico. Fue durante el primer año de estudios de Maestría en Historia que, con la orientación de la profesora puertorriqueña Olga Jiménez de Waggenheim, descubrí que mi verdadero camino era ser pintora. Desde ese entonces lo he seguido firmemente”.
 
 
KTA: ¿Continuaste estudios avanzados en Pintura?
  
“En LaGuardia High School of Music and the Arts, en Manhattan, estuve cuatro años. Allí los días se dividían en dos partes: una mitad era para los estudios académicos regulares y, la otra, se dedicaba al arte en todas formas y a la historia de cada expresión artística. La preparación que esa institución ofrece es intensa. Y, como te dije, obtuve mi Bachillerato en Artes Plásticas en la Universidad de Cornell”.
 
KTA: ¿Cuál de tus obras es la que más aprecias?
 
“Es difícil escoger sólo una, porque tengo una conexión personal con todas. Primero fue La Masacre de Ponce. Dedique mucho tiempo a esa obra. No sé si es porque mi familia es de Ponce o por la tristeza que evoca la memoria y el legado de esa tragedia. La próxima fue mi pintura de Yemaya, del 2000, que es un tributo a la patrona yoruba de las madres y de los mares, por haber guiado tanto mi vida y mi arte. La más reciente que hice fue la de Yaurel, que presenta a un niño viequense sobre una carpa militar. Quise capturar algo de la belleza de Vieques sobre una materia que simbolizara el conflicto ocasionado por la presencia de la Marina norteamericana y la lucha del pueblo por la justicia y la paz. Se me presentó la oportunidad de utilizar una verdadera carpa militar y pensé que era la materia perfecta. Mucho más preferible que un lienzo tradicional”.
 
      
                          Yemaya
KTA: ¿Cómo defines tu trabajo artístico?
 
Mi trabajo artístico es testigo de las varias formas de liberación que tratamos de alcanzar como seres humanos. Cada ser humano lucha por una forma de liberación u otra, como la liberación política, la liberación personal o la liberación espiritual. Mi trabajo también es un proceso de excavar y revelar historias que han sido enterradas, escondidas. Trato, lo más que puedo, de utilizar materias e estéticas que encuentren raíz en un aspecto de la herencia puertorriqueña. Nuestra herencia ya tiene un rico sistema de estéticas que le dan gran importancia a la naturaleza y a los colores de nuestro ambiente. En mi arte siempre considero las creencias espirituales de los tainos y de los yorubas, congós y otras culturas del oeste de África. Por ejemplo, cuando hice la serie de los cemíes simbolizando a las vidas que perdimos en la lucha de Vieques, utilicé colores representando a la bahía bioluminiscente viequense. Pero, más que utilizar colores que representan el fenómeno de la bioluminiscencia, quise hacer referencia a la creencia taína de que el mar es el lugar donde descansan los muertos. También los colores se asocian con el orisha yoruba Olokún, patrón de todos los misterios y de toda la abundancia que nos ofrece el mar”.
 
KTA: ¿Quiénes son los artistas que más admiras o entiendes que son influencias en tu trabajo?
 
“Cuando era estudiante me encantaba el trabajo de Rembrandt, el genial pintor holandés del Siglo 17. Admiro a mucha gente creativa, en distintas disciplinas, tanto de Puerto Rico como de otros países: Lorenzo Homar, Rafael Tufiño, Antonio Martorell, Juan Sánchez, Julia de Burgos, Juan Antonio Corretjer, Davilita, Lucecita Benítez, Boy Brown, Andrés Jiménez, Frida Kahlo, Fela Kuti, Ana Mendieta y Bob Marley”.
 
  
                               Julia
KTA: ¿Te identificas con algún estilo o con alguna generación de artistas en especial?
 
Me identifico con la generación de artistas boricuas que cuestiona sobre nuestra historia y nuestra presencia en la sociedad puertorriqueña, en la Diáspora y la sociedad mundial. Admiro a gente como a Charles Juhasz Alvarado, Miguel Luciano y Damary Burgos”.
 
 KTA: ¿Cómo la realidad de la Diásporase refleja en tu trabajo?
 
“Mi obra abarca varias diásporas, específicamente la puertorriqueña y la africana, ya que Puerto Rico forma parte de la otra. Automáticamente, mi trabajo se trata de la Diáspora puertorriqueña, porque soy una pintora nacida y criada fuera de la Isla, pero trabajando principalmente sobre temas vinculados a la historia y la identidad puertorriquña”.
 
KTA: ¿Has sentido algún tipo de rechazo cuando visitas Puerto Rico 
  
Su obra artística es inspirada en temas boricuas.
 
Creo que sentí más rechazo cuando visitaba la Isla cuando era niña. Pero, en realidad, más que rechazo era que yo misma no me sentía cómoda por el hecho de que casi no hablaba español. Cuando sí lo hablaba, algunos familiares se reían de mí. Ante el bochorno que sentía, dejé de hablarlo. Mis padres me habían criado hablando los dos idiomas. Lo que sucede es que ya, cuando los niños comienzan en la escuela, el inglés pasa a ser el dominante porque pasan todo el día hablando, leyendo y escribiendo en ese idioma. Cuando entré en la universidad y conocí tantos estudiantes latinoamericanos, me forzaba a hablarles en español. Ya no era tan tímida y no me importaba si decía algo incorrecto. El propósito era aprenderlo bien. Trabajando en el Taller Puertorriqueño, en Filadelfia, casi todas las reuniones eran totalmente en español. Ya adulta me dediqué a leer más libros en este idioma. Ahora hablarlo es sólo una parte, ya que la identidad es algo mucho más complejo. ¡Se compone de tantas otras cosas! De que existe un rechazo, claro, pero no es todo el tiempo ni proviene de todas las personas que nos ven de manera negativa. Creo que el rechazo nace de la ignorancia, la cual se puede combatir cuando tenemos más confianza en nuestra identidad. O sea, si yo sé que soy puertorriqueña y eso nadie me lo quita, no me impactará el rechazo tanto como cuando fui niña y me decían que yo hablaba como una gringa. Aunque entonces lo cuestionaba, como adulta sé que nunca fui gringa. Ahora sí: hay veces que sentimos una falta de comunicación y eso sí duele”.
 
 
KTA: Háblanos de tu experiencia en la exposición The (S) Files…
  
“El proceso de exponer en el Museo de Arte de Puerto Rico como parte de The (S) Files, organizada por el Museo del Barrio de Nueva York, fue muy interesante. Esa exposición incluía más de 40 artistas hispanos con Puerto Rico siendo el país anfitrión. Durante la ceremonia de apertura en que se presentaron a los artistas, todos los boricuas que participaban fueron nombrados menos yo y otros dos más. Da la casualidad que nosotros tres éramos los únicos puertorriqueños que habíamos nacido en Estados Unidos. Pero, por haber tenido esa oportunidad sentíamos un entusiasmo y una emoción grandota. No ser reconocidos como artistas boricuas nos impactó como un golpe contra el pecho. Después nos dijeron que fue un error debido a que, en los documentos, Puerto Rico no aparecía como nuestro lugar de nacimiento. Por tanto, no sabían que éramos puertorriqueños. Sin embargo, lo interesante del caso fue que nuestras obras eran las que más se relacionaban con temas boricuas. Quizás el hecho de no haber nacido en la Isla se manifiesta en la inquietud de inspirarnos en Puerto Rico que David Antonio Cruz, Wanda Raimundi Ortiz y yo compartimos”.
 
KTA: ¿Qué obras presentaste allí?
 
“Presenté un homenaje al jíbaro con dos pinturas: una de Julia de Burgos y otra del músico Andrés Jiménez. También incluí una instalación con caña y otras cosas, como un comentario sobre la disminución de la producción agrícola en Puerto Rico. Había personas que entraban a la galería durante la apertura, miraban rápidamente y ni le ponían atención a la obra. Yo pensé que quizás lo veían como algo común. Había otros que eran como sospechosos. Querían saber mis intenciones con esa obra. Otros me felicitaron, pero se mostraban sorprendidos por mi conocimiento de la historia puertorriqueña. Pensaban que, como nací y fui criada fuera de la Isla, ignoraba toda esa información y no tenía interés en ella. En ese mismo sentido sí creo que mi trabajo es aceptado y apreciado. Quizás le da más entendimiento entre los dos lados del charco. En el caso de mi proyecto Bieké, que trata sobre la lucha en Vieques, sólo sigo la tradición de la solidaridad que vino de afuera. La que apoyó el triunfo de los viequenses. O sea, hemos visto que con ese tipo de unidad podemos lograr nuestras metas. Quiero seguir trabajando en esa tradición de unir los dos lados”.
 
KTA: Retomando el asunto de la Diáspora, ¿qué opinas sobre la reciente controversia generada por Pedro Pierluisi respecto a la puertorriqueñidad de Luis Gutiérrez?
 
Su posición respecto a la controversia en torno
a la puertorriqueñidad del congresista Luis Gutiérrez…
 

“Es absurdo que la identidad de un puertorriqueño sea puesta en entredicho sólo por el hecho de que éste no nació en la Isla o viva en el exterior. Yo dudo que algún representante del Gobierno de Puerto Rico se atreva a negarle la puertorriqueñidad a los hijos de un boricua que, sirviendo en el Ejército estadounidense, nacieron en una base militar en Alemania o en cualquier otra parte del mundo. En ese mismo sentido, si el Gobierno de Puerto Rico acepta que pertenece a Estados Unidos, entonces ninguno de sus representantes se puede quejar cuando un miembro de ese cuerpo de gobierno quiera criticar lo que se hace en Puerto Rico, siendo tal persona uno de sus compatriotas o no. Hay unos que quieren que Puerto Rico siempre forme parte de Estados Unidos. Entonces tienen que aceptar que, en ese caso, los puertorriqueños formarán parte del gobierno estadounidense como también serán parte de la gran cantidad de inmigrantes que viven en esta Nación y no los pueden culpar por eso. Es como describió el artista y ex preso político Elizam Escobar en un bizcocho con la bandera y 51 velitas: “You can’t have your cake and eat it too”. ¿Desde cuándo un político del gobierno estadounidense no ha tenido el derecho de criticar lo que se hace en Puerto Rico? Y no sólo es que lo critican, sino que lo controlan. Quizás se han olvidado que el presidente de Estados Unidos tiene el poder de vetar cualquier ley que se pase en la Isla. Lo que quisiera saber es ¿cuántas veces, después de un siglo de tantos Comisionados Residentes en Washington, se ha cuestionado algo que haya comentado un congresista por el hecho de que no es puertorriqueño? ¿Cuántas veces hemos tenido personas en ese puesto, que se puede decir que es casi invisible porque ni derecho a un voto tiene, que se haya enfrentado a un congresista norteamericano? Quizás se trató de un caso de confianza, porque creyó aceptable hacerlo contra otro boricua. Y le zumba la ignorancia encima de la confianza con el insulto de que no es verdaderamente puertorriqueño. Pienso que todo esto es parte del teatro del absurdo que es el colonialismo. En ese sentido me alianzo con los albizuistas que no le tienen fe al proceso electoral, específicamente cuando se trata de un sistema colonial, cual lo fue y cual lo sigue siendo”.

KTA: Entonces te declaras partidaria de la participación de la diáspora boricua en los asuntos políticos de nuestra tierra

“Creo que nos reservamos el derecho a comunicar lo que pensamos sobre los asuntos de Puerto Rico. Sin embargo, cuando lo hacemos bajo el sistema político estadounidense, sólo conseguimos poner en evidencia el dominio que tiene ese país. Se supone que, como puertorriqueños, siendo o no siendo político, viviendo o no viviendo en Estados Unidos o Puerto Rico, se nos reserve el derecho a decir algo. Esa es la ley natural de la libre expresión. Pero con el dilema del estatus político de Puerto Rico todo se complica. Veo que es casi imposible hacer un comentario sin presentar algún tipo de contradicción u otra por el caso de nuestra complicada situación política. Creo que hay el peligro de ser convencidos de que somos incapaces de gobernarnos. A veces pasan cosas políticas que han pasado en una gran cantidad de lugares. Pero, cuando pasan en Puerto Rico, la Prensa lo explota para seguir sosteniendo ese mito, lo cual es la única forma en que un país puede mantener control sobre otro. Por ejemplo, al mismo tiempo que salió la noticia sobre Luis Gutiérrez, el periodista Geraldo Rivera hizo unos comentarios relacionados con los estudiantes que protestaban en la Universidad de Puerto Rico, pintándolos de una manera muy negativa. Se sabe que Geraldo es un boricua criado fuera de la Isla. Sin embargo, lo único que logró con sus comentarios fue confundir a un sector de la diáspora puertorriqueña. Pienso que en vez de invertir más tiempo en instigar y preservar una separación ideológica entre los de allá y los de acá, todos deberíamos enfocarnos en encontrarle solución a la relación disfuncional que existe entre Estados Unidos y Puerto Rico. No importa a cual partido uno pertenezca o sus ideologías. Esa relación, como está hoy día, no funciona. Eso sí es noticia”.
 
KTA: Ya que el acontecer político de la Isla es tan recurrente en tu trabajo, ¿De qué manera te mantienes al tanto de lo que ocurre acá? ¿Te ha afectado en algo tus creencias políticas?
 
“Mas que la política actual, mi arte encuentra inspiración en la historia de Puerto Rico. Lo que me resulta difícil es conocer mejor nuestra historia, porque gran parte de ella se sigue escondiendo. Hoy es muy fácil mantenerse al tanto de lo pasa en el campo político y social de Puerto Rico y su Diáspora a través del Internet, la Prensa o solo con observarlo. La mayoría de los boricuas que viven en Nueva York viajan a menudo a Puerto Rico y mantienen estrecha relación con la gente de sus comunidades, especialmente de esos sectores que se dedican al trabajo cultural o político. Además, aquí, en Nueva York, hay una gran cantidad de personas que llegaron de la Isla y son los que coordinan, con los puertorriqueños de acá, eventos y movimientos en solidaridad con lo que sucede ‘al otro lado del charco’, como las protestas en la Universidad y manifestaciones de solidaridad con los miles de personas que se quedaron sin empleo desde que Fortuño los despidió, así como la lucha de los maestros de escuelas públicas. También, después del asesinato de Filiberto Ojeda Ríos en 2005, cuando se realizaban vigilias mensuales en la Isla, aquí formé parte de un grupo que organizaba eventos solidarios cada mes. O sea, una función de la diáspora es ser un espejo que refleja acá lo que está pasando allá. He visto este proceso en otras ciudades como en Filadelfia, en Chicago y en New Haven (Connecticut) y sé que hacen los mismos esfuerzos en varios lugares en California, Ohio, la Florida y otros estados. También es importante revisar nuestra historia para saber cuántos héroes puertorriqueños han tenido los pies en cada lado del charco. Desde Arturo Schomburg hasta Julia de Burgos y Rafael Tufiño. Ni hablo sobre los movimientos revolucionarios, porque esos, sin duda y por obvias razones, existieron en los dos lugares. Mis creencias políticas han sido totalmente afectadas por mi conocimiento de la historia de Puerto Rico y su relación política con España y con los Estados Unidos en particular. Todo lo que yo entiendo sobre la situación contemporánea de la Isla lo veo por la pantalla de esa historia. Sin eso, no se puede comprender ni analizar lo que está pasando hoy día”.
 
KTA: ¿Piensas que a los puertorriqueños no nacidos en la Isla se les hace difícil encontrar su verdadera identidad?
 
  "Lo interesante e irónico es haber conocido puertorriqueños
que sí nacieron en la Isla y que no han podido encontrar
su verdadera identidad", declara culpando al sistema educativo.
 
“A veces. Eso depende. Lo interesante e irónico es haber conocido puertorriqueños que sí nacieron en la Isla y que no han podido encontrar su verdadera identidad. Yo creo que eso depende mucho de los padres y el sistema educativo. Un puertorriqueño puede nacer hasta en la Luna, como dijo Corretjer. Si durante su crianza se le fomenta el conocimiento de su origen y de la historia de la tierra y la cultura de su gente, siempre la apreciará y sentirá el deseo de buscarla. Pero, analizo como consecuencia de la colonia el hecho de que algunos se crean inferiores a los estadounidenses. Éstos piensan que la única forma de ser exitosos en la vida es pretendiendo mostrarse más norteamericano que boricua. Así dejan de identificarse con la Isla y creerse lo que no son. Aunque puedan pensar que esa actitud les brindará más éxito en sus desempeños profesionales, creo que sicológicamente les afecta muchísimo. En Estados Unidos los boricuas somos el grupo hispano que más sufre por la pobreza. Seguimos siendo minoría en las universidades y un bajo porcentaje de nuestros jóvenes logra graduarse de High School. Aquí llegan inmigrantes de otros países, sin siquiera la carta de ciudadanía que los ayudará a recibir asistencia con sus estudios. Y muchos de ellos logran ser más exitosos que los puertorriqueños, que tenemos la capacidad de entrar y salir cuando nos den las ganas. Eso me da a entender que el verdadero privilegio no es el acceso político ni la integración política. Lo que hace falta urgentemente es tener esa base de país que se esmere en educar a su gente sobre su propia historia, de sus héroes y de sus idiosincrasias. Así, cuando un boricua tenga que salir de su tierra lo haga con el entendimiento y el orgullo de su verdadera identidad y una alta autoestima. Aquí hay muchos jóvenes que no conocen su historia porque sus padres o abuelos salieron de Puerto Rico sin tampoco conocerla. He conocido personas educadas en Puerto Rico que te pueden hablar más de Lincoln, un abolicionista norteamericano, que de Betances, un héroe y abolicionista puertorriqueño”.
 
 
KTA: ¿Te sientes más puertorriqueña que estadounidense?
 
“Estoy casada con un colombiano, también nacido en Nueva York. Tuve que sacar un pasaporte para viajar a Colombia con él. El conflicto más grande que tengo es que llevo un pasaporte estadounidense. Adal, un destacado artista boricua de Nueva York, creó uno puertorriqueño como obra artística. Sabemos que, algunos años antes de fallecer, Juan Mari Bras logró su sueño de obtener una reconocida ciudadanía puertorriqueña. Nunca me identifico como estadounidense, excepto cuando tengo que presentar ese documento al salir de Estados Unidos. Yo me siento, en mi mente, mi carne, mi sangre y en mi alma totalmente boricua. Sí soy nacida y criada en Brooklyn y tengo una conexión profunda con Brooklyn, pero al tratarse de nacionalidad e identical, son pocos los que nombran a este país. Aparte de los indígenas, cada cual señala otro país, otra cultura, ya sea la italiana, la irlandesa, la china u otra como su identidad. Muchos negros norteamericanos consideran a África su Madre Patria por el hecho sus ancestros fueron arrancados de sus países y forzados a abandonar sus idiomas e idiosincrasias. La mayoría de ellos ni siquiera saben de dónde, exactamente, llegaron sus antepasados, pues el continente africano es muy diverso e inmenso. Fuera de los indígenas de esta tierra, Estados Unidos es un país de inmigrantes. La mayoría de ellos, de nosotros, vivimos aquí, pero mantenemos en el corazón y en el pensamiento el país de donde provienen nuestros padres, abuelos y que es el que de verdad nos identifica. En mi caso, considero mi vida acá una forma de exilio, porque soy totalmente puertorriqueña. De allí es mi sangre y allí es donde siento más paz. Mientras esté fuera de esa tierra, permaneceré con esa inquietud por dentro”.
 
                              Nuyorican
KTA: Cuéntanos sobre tu cuadro Nuyorican, inspirado en el poema de Tato Laviera.
 
“La pintura Nuyorican, que es mi homenaje al poeta Tato Laviera, celebra una parte de su poema del mismo título y que trata del rechazo que sienten algunos boricuas de acá por parte de los de allá cuando viajan a la Isla. Es un reclamo a esa gente que nos rechaza. Pero ese poema me hacer pensar más en el concepto de la diáspora. «Somos hijos de una migración. Pecado forzado». Estas palabras me hacen pensar en eso de sentirme que estoy en el exilio, aunque nací acá. Donde Laviera habla de la migración como un ‘pecado forzado’, pienso en esos experimentos implementados por el gobierno estadounidense que ordenó la migración de miles y miles de puertorriqueños a su territorio. Por otra parte, operaron a nuestras mujeres para esterilizarlas o experimentaron sobres sus cuerpos con anticonceptivos porque decidieron que Puerto Rico estaba superpoblado y había que reducirle la cantidad de habitantes. ¿Cómo se puede culpar a los miles que salieron porque les prometieron trabajos o una forma de mantener a sus familias, siendo o no siendo verdad? Mientras tanto, fábricas norteamericanas se apropiaron de las tierras más fértiles para producir para otros mercados. Lo que el pueblo consumía, casi dejó de producirse. ¿Por qué fue que la campaña de Muñoz Marín con su concepto de Pan, Tierra y Libertad fue tan exitosa? Todo esto después de la Gran Depresión. Como dicen, si en los estados hay resfriado, en Puerto Rico hay pulmonía. Y la verdad fue que una gran cantidad de los que vinieron se quedaron estancados en la pobreza. Enredados dentro de una telaraña y no pudieron regresar. ¿Cuántos puertorriqueños prefieren la nieve a nuestras playas? ¿Cuántos prefieren pagar $1,500 o más por un apartamento que apenas es un pequeño hueco frío y lleno de cucarachas? Es importante entender la experiencia de los hijos de esa migración y no rechazarlos, ya que no pudieron controlar esa situación”.
  
KTA: ¿Cuáles son tus proyectos actuales y tus metas a corto plazo?
“Estoy en el proceso de producir unos vídeos sobre mi obra Bieké: Tierra del Valiente. Después del estreno de ese proyecto en el Fortín de Vieques en 2009 y una exhibición en el Recinto de Fajardo de la Universidad Interamericana, quiero llevarlo a otras partes de la Isla durante este año. Ahora también estoy desarrollando otros trabajos. Uno de ellos, titulado Línea negra, es inspirado en la necesidad de reclamar el proceso de dar a luz. La industria médica, controlada por hombres, ha impuesto métodos que interrumpen la naturaleza cuando las mujeres están en el proceso del parto. La cesárea fue un recurso instituido para aplicarse exclusivamente en casos de emergencia. Pero, ahora sucede que se ha generalizado para cada parto. Al punto de que ya tenemos sociedades que han convencido a sus mujeres de que son incapaces de parir de la manera natural. Un elevado porciento de las cesáreas son innecesarias. Su propósito original se echo a un lado y ahora sólo sirven a la conveniencia de los médicos sedientos de dinero. La idea de hacer este proyecto me surgió después que mi esposo y yo armamos una controversia en mi familia cuando decidimos tener nuestro primer hijo en casa con una partera. Llegamos a esa decisión por varias razones y el resultado final fue una profunda experiencia espiritual y una gran bendición en el proceso de convertirnos en padres. Muy desafortunadamente, mientras estuve embarazada y el primer añito de mi nene, mi hermano batallaba contra el cáncer. Falleció apenas dos semanas después del cumpleaños del niño. A él dedico un proyecto titulado Luz. Utilizando el concepto de que nosotros como espíritus venimos de la luz (dar a luz) y volvemos a ella al morir, este proyecto explora el camino de mi hermano como el hombre que fue durante esta vida y como alma que camina mas allá de este mundo, donde tuve el privilegio de ser su hermana. Muchos de los motivos que utilizo vienen de la tradición espiritista de mi familia. También tiene un aspecto político que explora la experimentación del cáncer en Puerto Rico y los efectos de la contaminación. Espero completar un cuerpo de obras para en proyecto para entonces empezar otro relacionado con las centrales azucareras de Puerto Rico”.
 
KTA: ¿Cuál es el sueño que anhelas materializar como artista?
 
“Mi sueño, como el de todo artista, es que se nos facilite la manera de dedicarnos a nuestro arte sin tener que trabajar en otra cosa para sobrevivir. Que la sociedad reconozca que los artistas ya trabajan y que no deberíamos depender de dos, tres, cuatro o más ocupaciones ajenas a nuestra vocación, porque eso afecta mucho lo que somos capaces de producir. No quisiera ver a otro joven dejar su carrera artística porque su familia no confía en su habilidad de mantenerse como artista. Quiero que la sociedad entienda que quienes creamos música, literatura, pintura, cine, teatro y danza son los que documentamos las experiencias, historias y la cultura de nuestro pueblo. Es algo que se debe apreciar y apoyar. Nuestros niños siempre deben tener acceso a programas artísticos y culturales y expuestos a todas las disciplinas del arte. Sólo así se forjan las nuevas generaciones de artistas y gente creativa. Si no lo hacemos, nuestra cultura se irá desvaneciendo. Y, por consecuencia, también nuestra identidad nacional. 1-fin
 
 
R.R.A.L. / KTA.
Mayo de 2011.
 
 

  

 
 
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