Por: Rachell E. López Ortiz
![]()
El 10 de diciembre de 2010 será recordado como una fecha gloriosa para la Literatura hispanoamericana. Ese día, de manos del Rey Carlos Gustavo de Suecia, el peruano Jorge Mario Pedro Vargas Llosa (n. en Arequipa, marzo 28, 1936 – ) recibió en la Academia Sueca del Premio Nóbel en Estocolmo, el máximo galardón a que, en el mundo, podría aspirar un escritor. Se unió así a otros cinco latinoamericanos que lo antecedieron como receptores de tal reconocimiento: los chilenos Gabriela Mistral (1945) y Pablo Neruda (1971); el guatemalteco Miguel Ángel Asturias en el interín (1967); el colombiano Gabriel García Márquez (1982) y el mexicano Octavio Paz (1990).


Se le considera el más importante escritor peruano de todos los tiempos.
De paso, Mario Vargas Llosa – descartando el Jorge y el Pedro que, tan innecesariamente, le alargan el nombre en su acta de nacimiento – se convirtió en el undécimo literato de nuestro idioma que recibe el Premio Nóbel, completando la lista con los españoles José Echegaray (1904); Jacinto Benavente (1922); Juan Ramón Jiménez (1956); Vicente Alexandre (1977) y Camilo José Cela (1989).
Aunque fue el género de la novela el que fortaleció su bien merecido prestigio con obras como La ciudad y los perros – auspicioso debut respaldado por el Premio Biblioteca Breve – (1963); La casa verde – que le valió el Premio Rómulo Gallegos – (1965); Los cachorros (1967); Conversación en la Catedral (1969); Pantaleón y las visitadoras (1973); La guerra del fin el mundo (1981); La fiesta del Chivo (2000) y, en tiempos más recientes, Travesuras de la niña mala (2006) y El sueño del celta, editada por Alfaguara tan recientemente como el pasado 3 de noviembre, su vasta obra abarca una amplia variedad de géneros. De hecho, su estreno como autor fue como dramaturgo con La huída del Inca (1952) cuando apenas contaba 16 años y hacía sus pinitos periodista en el diario limeño La Crónica. La crítica ha calificado su prosa como clara, rigurosa, apasionante, cargadas de frescura y humor, inteligente y técnicamente impecable.

Su primera novela, La Ciudad y los perros (1963), lo hizo merecedor del Premio Biblioteca Breve.
Con su segunda novela, La casa verde (1965), ganó el prestigioso Premio Rómulo Gallegos
Su pasión por las letras siempre ha marchado a la par con su acercamiento al devenir político de los pueblos latinoamericanos. Pero, los cambios de postura que ha experimentado a través de los tiempos lo proyectan ante los ojos de muchos como un personaje controversial y, en ocasiones, difícil de comprender. La extrema izquierda lo juzga como traidor de su causa, mientras aliados a la derecha lo identifican como fiel a la libertad de los individuos y enemigo de las dictadoras, independientemente de que estas se inclinen hacia la misma derecha o la izquierda.
Políticamente, Vargas Llosa jamás compartió el pensamiento de su colega argentino Julio Cortázar en el sentido de que los atroces crímenes acreditados a caudillos izquierdistas no podían juzgarse de igual manera que los no menos bárbaros cometidos por derechistas. Tampoco simpatizaría con Jorge Luis Borges por la disposición de éste a recibir honores del criminal y ladrón dictador chileno Augusto Pinochet. Por ambos lados de la ruta política caminó alguna vez y, en cada caso, sufrió amargas decepciones.
Sus detractores no cesan de recordarle que defendió tenazmente la Revolución Cubana encabezada por Fidel y Raúl Castro Ruz, Ernesto «Che» Guevara, Camilo Cienfuegos y Lázaro Peña que, a pesar de su fracaso estrepitoso y sus obsoletos postulados, insiste en aferrarse al mando por la sinrazón y terquedad de sus cada vez más repudiados cabecillas. Él se defiende con el argumento de que “me he equivocado muchas veces, pero he rectificado. Grave sería si persevera en el error”.
Sintiéndose asfixiado por el desgobierno izquierdista y el terrorismo maoísta que tuvo a Alan Gabriel García Pérez a la cabeza durante los tristes años 1985-1990, aspiró a la presidencia de su país durante los comicios electorales de 1990, liderando el Frente Democrático (FREDEMO) inclinado hacia la derecha. Se visualizaba como nuevo gobernante de los peruanos tras resultar victorioso en primera vuelta. Pero una sorpresiva movida de García Pérez apoyando, a través de su Alianza Popular Revolucionaria (APRA), al candidato opositor, finalmente puso en bandeja de plata la victoria al agrónomo de origen japonés Kenya «Alberto» Fujimori, del movimiento denominado Cambio 90.
Como contundente desmentida a la falacia a que tantos prefieren aferrarse de que “los pueblos son sabios y nunca se equivocan”, el electo mandatario resultó un criminal y ladrón que, tras mantenerse prófugo en Japón – tierra natal de sus padres y cuya nacionalidad también posee –, perseguido por la Justicia para afrontar acusaciones de gravísimos actos de corrupción y por los tantos asesinatos que ordenó, hoy se encuentra preso en la base militar El Callao.
Frecuentemente también se le recuerda haber calificado el mandato del mexicano Carlos Salinas de Gortari, 1988-1994, como “el mejor ejemplo de la dictadura perfecta”. La historia, amarga por demás, quedó escrita: Salinas de Gortari resultó cortado con la misma tijera que Fujimori: otro pillo de marca mayor que hasta huyó a Europa, como su hermano Raúl, para evadir los tribunales, aunque finalmente fue acorralado y desenmascarado como la escoria humana que es.
Para bendición de los fervorosos admiradores de su obra, a Mario Vargas Llosa no le quedó otra alternativa que retomar la Literatura como primerísima actividad en su vida. Sin embargo, la pasión por el devenir de los pueblos latinoamericanos no ha mermado en su corazón. Y con su estilo único – agresivo, analítico, brillante, cautivante, corrosivo, provocador, punzante e irónico – denuncia y desmenuza los atropellos, escándalo y vicios a que los gobernantes corruptos someten a su gente.
Este genio de las Letras no es ajeno a la realidad cultural y política de Puerto Rico. De hecho, nos conoce muy bien desde hace casi 42 años. Para ser más exactos, desde 1969 cuando se desempeñó como profesor invitado en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. A tal institución retornaría en varias oportunidades.
En su difundido escrito “¿Espejo del mundo?” (1993) se refirió
humorísticamente a nuestra manera de hablar el español.
Sus seguidores boricuas evocan un escrito que tituló ¿Espejo del mundo?, en el que se refería a nuestra manera de hablar el español, mismo que se reprodujo en distintas publicaciones internacionales durante 1993. Entre otras ideas, manifestó que “Puerto Rico es un maravilloso revolú en el que las influencias africanas y, sobre todo el inglés, han sido reabsorbidas y recreadas dentro el espíritu de nuestra lengua, con libertad y creatividad sorprendentes y resultados sabrosísimos (sic). El modo con el que bregan los hombres y mujeres en la calle es risueño, oleaginoso, sensual, metafórico y chispeante español”.
Vargas Llosa fue tajante en su apreciación de que, a pesar del proceso de transculturación a que nuestro país fue sometido durante las primeras décadas del Siglo 20, a raíz de la invasión norteamericana de 1898, imponiendo un currículo de enseñanza totalmente en inglés en las escuelas públicas, “Puerto Rico no es bilingüe y tardará muchas generaciones en serlo, si es que esto llegara a suceder”.
No dejó de aludir al perenne asunto de nuestra dolorosa condición de colonia de Estados Unidos. Al respecto expresó: “los puertorriqueños aún no han decidido si finalmente se lanzan a solicitar el Estado 51 o continuar indefinidamente en esa especie de limbo que es el Estado Libre Asociado. Pero, en todos los países la mayoría decide por razones materialistas y no por las generosas”.

Concluyó el nuevo Premio Nobel que “Puerto Rico no es una anomalía, sino un espejo del futuro. Su asociación con Estados Unidos prefigura lo que podría ser la de los países de Europa entre sí y lo que debería ser algún día la integración latinoamericana si el progreso bajo el signo de libertad no se detiene”.
Antes de iniciar estudios universitarios, siendo todavía adolescente, Mario Vargas Llosa fue reportero del diario La Industria, de la ciudad de Piura, al tiempo que cursaba el último año de Preparatoria en el Colegio San Miguel. En la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, obtuvo Licenciatura en Humanidades en 1956. Posteriormente, tuvo dos etapas en la Universidad Complutense de Madrid (1957-1960 y 1970-1971), habiendo completado aquí su Doctorado en Filosofía. Para entonces, ya era muy reconocido en toda Hispanoamérica y España como literato y periodista.
Entre los tantos galardones que ha recibido a lo largo de su trayectoria, tres resaltaban en su importante resumé: el Premio Príncipe de Asturias a las Letras (1986); el Premio Cervantes (1994) y el Premio de la Paz de los Libreros de Alemania conferido en el marco de la Feria del Libro de Fráncfort (1997).
Resumen de su legado literario:
Novelas (además de las antes mencionadas): La tía Julia y el escribidor (1977); Historia de Mayta (1984); El hablador (1987); El elogio de la madrastra (1988); Lituma de Los Andes – merecedora del Premio Planeta – y El pez en el agua (autobiográfica, 1993); Los cuadernos de don Rigoberto (1997); El Paraíso en la otra esquina (2003), etc.
Monografías: García Márquez: historia de un deicidio (1971); La suntuosa abundancia – sobre el escultor colombiano Fernando Botero – (1984); Un hombre triste y feroz – sobre George Grosz – (1992); Un demi-siècle avec Borges – publicada en francés, sobre la obra del argentino Jorge Luis Borges – (2004); El viaje a la ficción – estudio sobre la obra del argentino Juan Carlos Onetti – (2008), etc.
Ensayos: Carta de batalla por Tirant Lo Blanc (1969); Historia secreta de una novela (1971); La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary (1975); La verdad de las mentiras – análisis sobre las tendencias de la novela moderna – y Contra viento y marea, recopilación en tres volúmenes, abarcando los períodos 1962-1982, 1972-1983 y 1984-1988, de escritos aparecidos en la Prensa interenacional (1990); Una realidad de un escritor (1991); Desafíos a la libertad (1994); Hacienda olas y La utopía de José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996); Nationalismus als neue bedrohung – publicado sólo en alemán – (2000); El lenguaje de la pasión (2001); Los miserables de Víctor Hugo: la tentación de lo imposible (2004); Comment jai vaincu ma peur de l’avion, Ma parente d’Arequipa y Sables y utopias (2009), etc.
Obras teatrales: La huída del Inca (1952); La señorita de Tacna (1981); Kathie y el hipopótamo (1983); La Chunga (1986); El loco y los balcones (1993); Ojos bonitos, cuadros feos (1996); Odiseo y Penélope (2007); Al pie del Támesis (2008); Las mil y una noches (2010), etc. Cuentos: Los Jefes – recopilación por la que ganó el Premio Leopoldo Alas – (1959). Poemario: Diálogo de damas (2007).
También escribió los guiones de las versiones cinematográficas de sus obras Los cachorros, dirigida por Jorge Fons (México, 1971); Pantaleón y las visitadoras – rodada en República Dominicana – (España, México, Perú, 1975); La ciudad y los perros, dirigida por Francisco José Lombardi (Argentina, 1985); La fiesta de El Chivo –, sobre la odiada figura del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo –, dirigida por su sobrino, el notable Luis Llosa Urquidi (EE.UU, 2006). En la primera versión de Pantaleón y las visitadoras (1975), igualmente debutó como realizador compartiendo la dirección con el español José María Gutiérrez Santos y, como actor, caracterizando un personaje secundario. En 1999, el argentino Lombardi realizó la segunda versión fílmica de esta novela, que fue protagonizada por Angie Cepeda, Salvador Del Solar, Mónica Sánchez, Pilar Bardem y Gianfranco Brero. ![]()