Este extraordinario artista, orgullo de nuestra patria (n. y m. en San Juan, enero 6, 1751 noviembre 7, 1809), es reconocido como el fundador de la Pintura Nacional Puertorriqueña y como el más notable exponente del arte pictórico en toda América durante el Siglo 18. Dentro de dicha disciplina, fue discípulo del gran pintor madrileño Luis Paret y Alcázar (1746-1799) entonces desterrado en esta Isla por el Rey Carlos III por haber sido compinche en las correrías amorosas de su hermano, el Príncipe Luis Antonio de Borbón durante el período 1775-1778. Sin embargo, por razones inexplicables, los centros educativos de su patria restarían importancia a otro hecho muy significativo sobre su vida: el de haber sido, posible e igualmente, el primer músico puertorriqueño. Muy pocos de sus compatriotas han conocido tal dato.

Campeche era el quinto de los siete hijos procreados por el esclavo liberto Tomás de Rivafrecha Campeche y la canaria, blanca, María Josefa Jordán y Marqués, originaria de Santa Cruz de Tenerife. Abrió sus ojos al mundo exactamente en una casa que hoy ocupa el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico, en la Calle De la Cruz, esquina Calle San Sebastián, en el Viejo San Juan, el 6 de enero de 1751. Al parecer, fue inscrito el 23 de diciembre, pues esta es la fecha que suelen citar al respecto muchos cronistas. Seguramente su primera y más fuerte influencia fue su progenitor, pues éste se desempeñaba como adornista y pintor de la Catedral de San Juan.

También fue un destacado músico. Estudió el arte del Pentagrama desde niño bajo la tutela del profesor Domingo De Andino en el Convento de los Dominicos Santo Tomás de Aquino. Llegó a ser un excelente organista, pianista, oboísta y flautista. También cantaba y conocía las técnicas de otros instrumentos. Durante su temprana juventud fue miembro de la Orden de Predicadores y, en distintos momentos, ejecutó el órgano en las iglesias Santo Domingo y San Francisco. En 1783, el Rey de España le concedió una pensión vitalicia como maestro de Piano, Oboe y Canto Llano de las monjas del Monasterio de las Carmelitas en San Juan. Su pasión por la música la hizo evidente en muchas de sus pinturas. Por ejemplo, en su cuadro Esposa del Gobernador Dufresne, aparece un violín y una partitura sobre una cómoda (1782); en el Retrato de doña María Dolores Martínez de Carvajal puede apreciarse un virginal (1792) y, en La Visión de San Francisco (1801), aparecen un laúd, un arpa, una flauta y dos violines (1801).

Se impone aclarar que algunos historiadores insisten en señalar a Domingo De Andino (1737-1820), maestro y cuñado de Campeche pues estaba casado con una hermana de éste como el primer músico boricua, restando trascendencia a su origen español y enfatizando, por ende, en el sentimiento puertorriqueñista de aquel músico, tristemente olvidado (es escasa la información que existe sobre su vida), quien ejerciera como organista del Convento de los Dominicos durante el período 1758-1818. Otros, como el cubano Alejo Carpentier, menciona en su obra La música en Cuba (México, 1946) a Hernán Rodríguez, quien tan remotamente como 1550, ejercía como chantre en la Catedral de La Habana. Muy desafortunadamente, no existen referencias biográficas sobre éste. Por otro lado, una discípula de Campeche, Sor María Monserrate de Jesús Morales, fue nombrada organista y profesora de Órgano y Canto en el Convento de las Carmelitas en 1818Ejercería tales cargos durante largos años. A ella se le reconocería como la primera fémina boricua dedicada a la enseñanza musical en su patria.

Como pintor, sus cuadros reflejan los valores morales de su tiempo y gran número de ellos son imágenes religiosas de gran simbolismo que proyectan la fusión estética del plano terrenal y la magnificencia del ámbito celestial. Además de las mencionadas anteriormente, algunas de sus obras más admiradas son Virgen del Carmen (1785); San Felipe Benicio (1786); Gobernador don Miguel Antonio de Ustáriz (1792); Las hijas del gobernador don Ramón de Castro (1797); El gobernador don Ramón De Castro (1800); La visión de San Francisco de Asís (1801); Santo Domingo en Soriano (1805); Virgen de Belén (1806); San Antonio de Padua (1807); Juan Pantaleón Avilés de Luna Alvarado niño sin brazos (1808); Virgen del Carmen 2 (1809) y otras sobre las que siempre ha habido discusión respecto a las fechas exactas en que fueron pintadas: Alcalde Martínez, Autoretrato, Carolina Urrutia con niño, Don Manuel Andino, Esposa del gobernador Dufresne, Exvoto de la Sagrada Familia, El Obispo de San Francisco de la Cuerda, Francisco Oller, Santa Teresa de Jesús, Virgen de la Merced, El salvamento de Ramón Power, Nuestra Señora de la Divina Aurora, Nuestra Señora del Rosario, Virgen de la Soledad, Dama a caballo, La Anunciación, Santo Domingo de Guzmán, San Felipe Neri, San José, San Miguel, San Ramón, San Sebastián, El naufragio de la energía, Juan Alejo de Arizmendi, etc.

Aunque se sabe que su legado dentro de esta disciplina pudo alcanzar las 600 obras, desafortunadamente gran parte de ellas permanecen desaparecidas. En los campos de la Arquitectura y el Tallado, se le acreditan el Altar Mayor de la Iglesia de Santa Ana en San Juan y el Eremitorio de Hormigueros. Jamás salió de Puerto Rico.

El 21 diciembre de 2010, el Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR) estrenó en la Galería Itinerante Sur y en la Galería Bertita y Guillermo L. Martínez, la que sería exitosa exhibición Campeche: mito y realidad, que constó de 81 de sus cuadros, siendo esta la muestra más grande que se ha realizado sobre su trabajo en cualquier época. La misma fue el resultado de 60 años de investigación del doctor Arturo Dávila, coleccionista, curador e historiador especializado en la obra de este importantísimo artista nacional. Permanecería año y medio en dicha institución.

 

M.L.O. / KTA.
Diciembre de 2010.

 

 

 

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