Seguramente porque el apego que sentía hacia su pueblo, del cual nunca quiso alejarse, frenó su posibilidad de proyectar su talento desde el Area Metropolitana o, como era frecuente en muchos de sus contemporáneos, probar suerte en la plaza neoyorkina, Ramón Méndez no logró granjearse reconocimiento en el ambiente musical a nivel nacional. Sin embargo, a este timbalero, conguero, cantante y director de combo (n. y m. en San Sebastián del Pepino, julio 2, 1940 noviembre 30, 2000) le bastaba y le hacía feliz saberse querido por sus compueblanos y seguido por los bailadores de la región Oeste, donde desarrolló su actividad musical.

Su nombre completo era Ramón Antonio Méndez. Hiio de Pablo Vega y Gabriela Méndez. Llevaba el apellido materno, pues no fue reconocido legalmente por su progenitor. Su formación como percusionista fue eminentemente autodidáctica. En 1956, contando entonces 16 años, se unió a la Banda Municipal de San Sebastián, cuya dirección acababa de ser asumida por el maestro Antonio «Toño» Vega Hernández. Permaneció vinculado a esta organización hasta ya avanzada la década de los ‘70, pero durante el interín integró diversos conjuntos organizados por el referido profesor para amenizar funciones ajenas a las responsabilidades de la Banda y colaboró con varios conjuntos de su pueblo, entre ellos el dirigido por el cuatrista Benito Fred Barreto.

En 1964 organizó el Combo Nagüe para participar en una competencia celebrada en el Estadio Municipal Hiram Bithorn, en San Juan, entre agrupaciones musicales integradas por jóvenes de residenciales públicos. Aquel colectivo mereció el Tercer Premio. Sin embargo, su existencia resultaría efímera.

En 1968 organizó el combo Ramón Méndez y Los Astros, en el que destacaban, principalmente, el saxofonista Héctor «Payi» Cruz y el cuatrista y guitarrista Miguel Ángel «El Loco» Rodríguez Alicea. Frente a esta formación se presentó en salones de baile, fiestas patronales y amenizó actividades sociales en varios municipios. Especialmente en su pueblo natal y en Aguadilla. Durante las mismas fechas, también colaboró con el guitarrista Gabriel Santiago en la fundación del Conjunto Estampas Pepinianas. Con este grupo, exponente de la música jíbara, participó durante muchos años en el programa La hora campesina, emitido por la emisora WFBA AM / Radio Pepino, rebautizada posteriormente como WLRP / Radio Raíces.

Ramón Méndez alternaba su quehacer musical con el oficio de pintor de rótulos comerciales. Siempre vivió humildemente. No era poeta. Quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo jamás le conocimos inquietudes literarias. Sin embargo, cierta vez se motivó a escribir el siguiente poemita que dedicó “a todas las bellas damas de mi pueblo del Pepino” y que, independientemente del valor literario que pudiera encerrar, por tratarse de un detalle novedoso y simpático, fue recogido en la antología poética Cantares al Pepino (2003), publicada por Ramón Luis Cardé Serrano (1952-2010).

Las bellezas del Pepino 

Si buscas la belleza,
búscala en el Pepino,
en sus lindas mujeres
del valle y la montaña.
 
Canteras de nobleza
las pepinianas son
seres angelicales
de mi terruño patio.
 
En la plaza del pueblo
por calles y barriadas
toparás a montones.
Jamás alguna fea.
 
Son tiernas y cabales.
Roban tu corazón
con su loca alegría.
 
En este mi pueblito
todo es pura belleza
porque así lo hizo Dios
y, para mayor bien,
lo colmó de princesas.
 
 
…y Méndez es un artista

Por Joaquín Torres Feliciano

Este es un artista que pinta la paz de unas vírgenes con ojos morenos. Unas vírgenes con el exterior en dulzura y timidez. Con proporción en toda la composición lineal. Unas vírgenes en la soledad, aunque puedan estar rodeadas de ángeles y estrellas. Vírgenes con nubes blanquiazules y profundas. Con manos serenas y delicadas.

Y es porque así es Méndez, Ramón Méndez el de Los Astros… Méndez y sus Astros… El músicoel comedianteel rotulistael vivarachoel Groovyel amigoel que se quita su humilde o encopetada camisa de encaje (cuando la tiene, porque la ha tenido) y se la da a su vecino. Méndez el hermanoMéndez el hombre.

Pero él sí ha llorado, solo donde nadie le ha visto. Donde únicamente las estrellas de la noche con la brisa que trae el Charco de la Pepa y el Peñón le han consolado. Porque, al igual que Cezane, Tolouse De Lautrec y Vincent Van Gogh, Méndez ha estado rodeado pero solo. En cambio, su alma está llena de bondad, de buena fe y de cariño. Y tiene en su existencia el fluir constante del talento. Eso estalento, talento para cualquier cosa de la vida, porque la vida se compone de belleza y porque nada es feo, ni aún lo irreparable o lo que la diversidad de opiniones pueda catalogar de feo. Y siempre ha tenido una idea tras la otra, pero se ha sentido satisfecho con contársela a cualquier persona que le entienda. Total, porque no ha tenido los recursos para realizarla. Para llevarla a cabo.

Y es que las instituciones de nuestro pueblo, sin ninguna mala fe, no han notado las inquietudes de Ramón Méndez. Tal vez algunos miembros de ellas le han llamado para contratarle un rótulo o una tocata de baile. Y él ha acudido al llamado, pero no ha dicho nada más. Tampoco ha estafado a nadie. Ha trabajado para vivirpero, hermanos míos, para vivir solo, cerca de su cama y unos palillos debajo de su humilde almohada.

De día pinta un rótulo, cobra unos dólares y compra unas vírgenes o algún santo patrón que le encarga Faustino Cortés, el pirotécnico. O don Guillo Rivera o alguno otro de estos artistas de fuegos artificiales. Y esos lienzos de Méndez, que son de la escuela primitiva de las artes, son bien realizados por su ansiosa mano. Ansiosa porque es la mano que espera con ansiedad una oportunidad para demostrar que él pinta bien y que lo que hace aquel no es mejor ni peor que lo de él. Una oportunidad para ganar chavos, porque tiene que comprarse unos zapatos de la última modao de la moda que sea. Porque sabe que hay quien come y no tiene con qué. Porque sabe que hay un “pana” que no tiene cigarrillos marca Winston. Porque los niños del caserío o de cualquier lugar del pueblo quieren dulces y hay que comprárselos. Porque hay una muchacha que a él le gusta, pero no se atreve a decírselo y tal vez le hace un humilde (materialmente) regalo.

De noche duerme, pero se acuesta tarde, porque está pensando, dando ideas, hablando. Dándole vueltas a la mente, porque al otro día el dueño de La Imperial le regalará unas yardas de bramante, las que utilizará para otras pinturas. O porque tiene un problema que resolver en el claroscuro del manto de una virgen de la escuela bizantina. Y Vincent Van Gogh tuvo unos tormentos cuando su hermano Teo se casó y le “dejó solo”. Se quedó a vivir con su amigo y compañero Paul Gougin. Y llegó una época (su primera etapa) en que reproducía de otros pintores. Copiaba. Pero en aquellas copias había unas líneas que indicaban que no eran de otros pintores, sino él quien las hacía. Luego trajo su propio estilo. Con el tiempo y las vicisitudes también le llegó la locura y el extirparse una oreja. Todo este sufrimiento le dio la oportunidad para la gran creación.

YMéndez tiene un gran poder: el de crear, el de hacer, el de pintar, el de presentarse ante el público y deleitarleY su mayor inquietud es la de aprender, ecudriñando, preguntando y comunicándose con los demás. San Sebastián tiene que darle una gran oportunidad. Algunas instituciones podrían crear una ayuda para este hermano nuestro que le ha dado de su talento a todos.

Se debe gestionar con el Instituto de Cultura Puertorriqueña y proveerle a Méndez para que vaya a la Escuela de Artes Plásticas. Hacer un fondo común entre todos y depositarlo para su estadía y sostenimiento mientras estudia. Méndez nunca ha tenido otra cosa que no haya sido su gran talento y su cariño para todos. Ni siquiera ha ido a Nueva York por  no abandonar su Pepino.

En las manos de nuestras instituciones cívicas está el porvenir de un talento para orgullo de nuestro pueblo.

NOTA: este reportaje apareció originalmente en la Edición Núm. 60, Año 3, Volumen 2, del mensuario El Gorrión, correspondiente a mayo de 1974. Aquella publicación era editada y dirigida por el poeta, periodista y educador Ramón Vargas Pérez en San Sebastián del Pepino. Joaquín Torres Feliciano es un destacado poeta y ensayista pepiniano, residente en Nueva York, donde ejerce su profesión de sicólogo. Tanto su biografía, como la de Vargas Pérez, aparecen en esta misma sección, Boricuas para la historia. 1-fin

M.L.O. / KTA.
Diciembre de 2010.

 

  

 

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