
Durante muchos años, a Francisco Alfonso Montaner García o, sencillamente, Paquito Montaner (n. y m. en Ponce, agosto 16, 1894 – abril 5, 1945) se le podía calificar como un “ilustre desconocido”. Esto es así porque, excepto que el principal recinto deportivo de su ciudad natal, hogar sede del equipo de béisbol Leones de Ponce, lleva su nombre, eran muy pocos los puertorriqueños que sabían quién era. Incluso, hasta la mayoría de los periodistas especializados en deportes ignoraban su historia. Claro: debido a que su nombre identifica a un parque de béisbol, lógico es que no pocos asumieran que se trataba de algún pelotero o, quizás, apoderado de un equipo o propulsor de este apasionante deporte. Otros pensaban que no era más que un político ricachón.
La realidad es que Paquito Montaner fue uno de los jugadores pioneros del béisbol en Puerto Rico. Por fortuna, motivados por la inquietud de rescatar para la historia la mayor cantidad de datos posible sobre su trayectoria deportiva, aunque fuera a través de testimonios orales aportados por familiares y contemporáneos sobrevivientes que fueron testigos de sus hazañas, varios acuciosos investigadores, entre ellos José «Pepén» Fernández Colón, Luis Antonio «Wito» Morales, Efraín Figueroa y Julio Moreno, en tiempos relativamente recientes ha transcendido que era un fenomenal lanzador derecho y que, en ocasiones, también se desempeñaba como defensor de los jardines central e izquierdo de manera admirable.
Desafortunadamente, muchos datos de lo que, sin duda, debió ser un rico historial en el campo de juego, se perdieron en las sombras del olvido, ya que durante la época en que estuvo activo, no existían ligas profesionales o, al menos, semi profesionales. Entonces se competía a nivel aficionado y las incidencias de los partidos no se documentaban, pues ni siquiera se había instituido o formalizado el periodismo deportivo en nuestro País. Aparte de que los medios electrónicos de Comunicación no existían y las publicaciones impresas eran voceros de colectividades políticas o revistas literarias. Por consecuencia, ha sido imposible determinar con exactitud las fechas de muchos eventos importantes en que su figura se agigantó.
Sí persistían dos datos, tomados de comentarios de la gente del pueblo, que lo había convertido en héroe: se asegura que el 10 de diciembre de 1911, vistiendo el uniforme del Ponce Baseball Club, afiliado a la Liga del Castillo y primer equipo, no estudiantil, que existió en la Perla del Sur, se acreditó un “juego perfecto”, al no permitir ni un sólo hit, convirtiéndose en el primer lanzador boricua en lograr tal hazaña. Lo que no ha podido establecerse con total claridad, pues existen discrepancias al respecto, es el nombre del equipo contrario. Al parecer, hasta él propio Montaner lo olvidó. Dicho sea de paso, a la sazón era quinceañero y aquella era su primera temporada en la liga. Apenas un mes más tarde, el 22 de enero de 1912, repitió tan sensacional acierto con otro “juego perfecto” (o «no-hitter»), esta vez contra la novena Capital Pope, de San Juan. Cabe señalarse que el Ponce Baseball Club tenía como sede el Campo Atlético Charles H. Terry, localizado en la Calle Lolita Tizol.
Era hijo del comerciante Francisco Montaner Colón y la señora Eugenia García Colón. Éstos se separaron cuando él todavía era niño. Por tanto, se crió con su madre y sus hermanas Mercedes y Amanda. De acuerdo con los datos que han podido recopilarse, comenzó a demostrar sus dotes de excelente jugador durante su etapa estudiantil en la Ponce High School, de cuyo equipo fue máximo baluarte. De hecho, se cuenta que cierto día cuya fecha no ha podido precisarse, propinó dos blanquedas (de trató de “doble partido”) a la novena de la santurcina Central High School. En otra ocasión, jugando contra aquel mismo equipo, se apuntó quince ponchetes consecutivos. No se conservan mayores detalles sobre aquellos encuentros.
Ya integrando el Ponce Baseball Club, en 1914 eliminó con otro juego perfecto al temido trabuco All-Americans, integrado por estadonidenses. Tanto impresionó a los directivos de dicha novena, que éstos le hicieron una tentadora oferta para que se les uniera como principal lanzador. Sin embargo, a pesar de que nuestro biografiado deseaba firmar el contrato que se le ofrecía, se vio forzado a acatar la oposición de sus padres, quienes argumentaron que era menor de edad, aunque ya había cumplido o estaba muy próximo a cumplir 18 años.
Lo significativo de este episodio en su vida es que, de haberse incorporado al All-American, posiblemente se hubiera convertido en el primer puertorriqueño y en uno de los primeros latinoamericanos en llegar a las Grandes Ligas, adelantándosele por, al menos, un cuarto de siglo a Hiram Bithorn (1942), pues pocos años más tarde la mayoría de los integrantes de aquel equipo fueron reclutados por los Yankees de Nueva York.
En sus mejores momentos, la alineación del Ponce Baseball Club estuvo conformada por Pedro «Pellín» Alicea, Carlos Bonet, Chiqui Faberllé, Víctor Laborde, Leopoldo Martínez, Ángel Pou, Cayetano Pou, Lorenzo Roque e, incluso, Cosme Beitía, a quien se le atribuiría la fundación, en 1929, de la todavía vigente e importante Liga Atlética Interuniversitaria (LAI). Ellos fueron los compañeros de aventuras beisboleras de este gran atleta boricua. Militó en sus filas hasta su retiro en 1923 por causa de una lesión en el brazo derecho, que era su principal arma ofensiva.
Como era de esperarse, debido a las circunstancias antes expuestas, nuestro biografiado tuvo que dedicarse a menesteres ajenos al béisbol para procurar su sustento. Su padre, Francisco Montaner Colón, prominente militante del Partido Unionista, había establecido una tienda de licores y cigarros en la esquina formada entre las calles Arenas e Intendente Ramírez de Barrio Sexto (o Cantera). Allí trabajó desde adolescente y, tras el deceso de su progenitor, tomó las riendas del establecimiento.
Por otro lado, una posterior generación de ponceños lo recordaría mejor como serenatero. Resulta que Paquito Montaner era músico. Se dice que cantaba muy bonito y ejecutaba la guitarra. Más aún, hasta llegó a grabar dos discos (78 rpm) en Camden, Nueva Jersey, junto al también cantante y guitarrista José Piñeiro, cantando danzas de Juan Morel Campos y Manuel Gregorio Tavares a mediados de la década de los ‘30. Posiblemente, tales placas fueron editadas por la compañía RCA Victor, porque esta mantenía sus estudios en la citada ciudad. Sin embargo, nunca aminoró su pasión por el béisbol y, cuando se creó la franquicia profesional de los Leones de Ponce, se convirtió en fiel seguidor del equipo.

El Estadio Francisco «Paquito» Montaner fue construido por encomienda de Julio Enrique Monagas, entonces presidente de la Administración de Parques y Recreos Públicos, durante la incumbencia de Andrés Grillasca Salas como alcalde de la también llamada Ciudad Señorial. Se inauguró el mismo día en que en Mayagüez se hizo lo propio con el Estadio Municipal Isidoro «Cholo» García: 15 de octubre de 1949. Aquella tarde, los Leones de Ponce se enfrentaron a los Tiburones de Aguadilla. La suerte no favoreció a los ponceños, quienes fueron derrotados por los aguerridos visitantes, tres carreras por una. El lanzador dominicano Óscar Mir Flores se alzó con la victoria. Para entonces, ya habían transcurrido cuatro años del deceso, por causa de leucemia, del compatriota que ahora nos ocupa. Los historiadores deportivos nacionales sostienen que fue el primer beisbolista puertorriqueño importante que falleció.
En 1955 fue exaltado al Salón de la Fama del Deporte Puertorriqueño y, en 1983, a la Galería de Inmortales del Deporte Ponceño. En el interín, una calle aledaña al Parque Tricentenario de Ponce fue bautizada con su nombre. En este lugar, inaugurado en 1992, una tarja resalta su valía como pionero del béisbol nacional.
De su matrimonio con Sara Bigay fueron frutos Francisco «Paquito» Jr. (1925-2009); Carmen María, Víctor Manuel y Ausberto «Boty».
R.R.A.L. / KTA. Abril 10, 2012. ?