Roberto Alomar ya pertenece
al círculo de los Inmortales

  Redacción:

   
 

Estatua de Roberto Alomar en el Museo del Deporte de Puerto Rico

 

Ya Roberto Alomar había saboreado el rico dulce de saberse reconocido unánimemente como el mejor guardián de la segunda base de todos los tiempos en las Grandes Ligas con su ingreso al Salón de la Fama del Béisbol de Canadá (agosto de 2010) y al Pabellón de la Fama del Deporte Puertorriqueño (octubre 24, 2010). Pero le faltaba un escaño para sentir que su consagración era plena: el que simbolizaba su entrada oficial al selecto círculo de los inmortales: el Salón de la Fama del Béisbol de Cooperstown, en Nueva York. El más prestigioso de todos y cuya entrada al mismo es tan o más anhelada que un Campeonato de Bateo para un jugador de cuadro o un Premio Cy Young para los de la lomita, que son los lanzadores.

No tuvo que aguardar mucho para unirse a sus compatriotas Roberto Clemente Walker y Orlando Manuel «Peruchín» Cepeda, exaltados en 1973 y 1999, respectivamente. Su selección al Nicho de los Inmortales le fue anunciada el 5 de enero. La ceremonia de exaltación será el domingo 24 de julio. El otro beisbolista elegido, el holandés Bert Blyleven, debió aguardar quince largos años para recibir su boleto de entrada y ya había perdido la esperanza de lograrlo. Cabe señalarse que, en lo que respecta a mayor cantidad de votos en su caso el 90 porciento (523) de parte de los 581 votantes para respaldar su elección, nuestro compatriota recibió la tercera más alta en la historia de esta institución, superado únicamente por Carl Ripken (537) y Tony Gwynn (532).

Roberto Alomar Velázquez, nacido en Ponce, el 5 de febrero de 1968, pero criado en Salinas, cuna de su familia, es apenas el décimotercero de los latinoamericanos que hoy ocupan un sitial en el Salón de la Fama del Béisbol de Cooperstown cuya membresía actual es de 295 exaltados. El primero fue el lanzador californiano, hijo de mexicanos, Vernon «Lefty» Gómez, quien recibió tal honor en 1972. Con la exaltación al año siguiente, 1973, del segundo, Clemente, se estableció el precedente de que con éste no se esperaron los cinco años reglamentarios para aspirar a la entrada, pues su inclusión se hizo como tributo a la gesta humanitaria que le costó la vida. Como recordarán, el avión en que acababa de emprender viaje rumbo a Nicaragua para llevar ayuda a la víctimas del terracotta que había devastado a ese país Centro Americano cayó en el mar, el 31 de diciembre de 1972.

 

 

 Sólo trece latinoamericanos an recibido tan alto honor.

 

 

  

Esta pequeña lista de inmortales de nuestra raza include a seis cubanos: Martín Dihigo y Alfonso Ramón «Al» López (1977); Atanasio «Tany» Pérez Rigal (2000); el narrador y periodista Rafael «Felo» Ramírez (2001) y los ejecutivos pioneros Joé Méndez y Alex Pompez (2006). La completan: Juan Marichal (dominicano, 1983); Luis Ernesto Aparicio (venezolano, 1984); Rodney Cline «Rod» Carew (panameño, 1991) y el boricua Cepeda (1999).  

En su entorno familiar, todo olía a béisbol. Su progenitor, Santos «Sandy» Alomar Conde (n. en Salinas, octubre 19, 1943 –  ), como él, especialista en la position de segunda base, militó en las Grandes Ligas durante quince años, específicamente con los equipos Bravos de Milwaukee luego, de Atlanta – (1964-1966); Mets de Nueva York (19670; Medias Blancas de Chicago (1967-1969); Angelinos de California (1969-1974); Yankees de Nueva York (1974-1976) y Rancheros de Texas (1977-1978). Su hermano Santos Jr. (n. en Salinas, junio 18, 1966 –  ), concentrado en la receptoria, figuró en las alineaciones de los Padres de San Diego (1988-1989); Indios de Cleveland (1990-2000); Medias Blancas de Chicago (2001-2002); Rookies de Colorado (2002); Rancheros de Texas (2005); Dodgers de Los Angeles (2006) y Mets de Nueva York (2007). Como éste, su formación como pelotero tuvo su génesis en las Pequeñas Ligas, mientras que durante los veranos, aprovechando las vacaciones de sus cursos escolares, ambos visitaban los estadios ligamayoristas durante su padre jugaba. Era lógico que en él se cimentara el anhelo de emular a los tantos héroes del bate y la pelota de cuyas hazañas tuvo la dicha de ser testigo.

En 1985 fue firmado por la organización Padres de San Diego y asignado a una novena filial preparatoria de la llamada Liga del Pacífico. A raíz de haber resultado Campeón de Bateo con promedio de .346 en la temporada de 1987, fue subido a la Liga Mayor. Su debut con los Padres aconteció el 22 de abril de 1988. Permaneció siete años con este equipo, al cabo de los cuales pasó a los Azulejos de Toronto, organización en la que se consolidó como un jugador fuera de serie (1990-1995). Al punto, de que será luciendo la gorra oficial de este equipo que su figura aparecerá en el Salón de la Fama. Posteriormente, figuró en la alineaciones de los Orioles de Baltimore (1995-1998); Indios de Cleveland (1998-2002); Mets de Nueva York (2002); Medias Blancas de Chicago (2003 y 2004) y, antes de pisar el terreno por última vez con esta novena el 5 de septiembre de 2004, tuvo una fugaz experiencia con los Diamondbacks de Arizona (2004).

 
 
 El Salón de la Fama de Cooperstown honra al pueblo
  donde Abner Doubleday inventó el béisbol en 1839.
 

La fructifera pasantía de Alomar por el Circo Grande, que la fanaticada añorará, principalmente, por sus espectaculares atrapadas, refleja un récord, como bateador (ambidextro) de .300 “por vida”, 2,724 hits, 210 jonrones y 1,134 carreras remolcadas. Anotó 1,508 carreras y acumuló 474 bases robadas. participó en doce Juegos de Estrellas, resultando el Jugador Más Valioso de la de 1998. En once temporadas, su promedio al bate fue de .313. Su caudal de reconocimientos include el título de Jugador Más Valioso de la Liga Americana (1992); diez Guantes de Oro (1991-1996 y 1998-2001) y cuatro Bates de Plata (1992, 1996, 1999 y 2000).

  

Exhibición de Roberto Alomar en el Museo del Deporte de Puerto Rico

Repasando un poco la historia, descubrimos que el Salón de la Fama del Béisbol de Cooperstown fue fundado por iniciativa de la Asociación de Cronistas de Béisbol luego Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA) en 1936, enarbolando el lema “Preservando la historia, honrando la excelencia y conectando generaciones”. su nombre evoca el hecho de que en dicho sector neoyorkino fue que el militar Abner Doubleday (n. en Ballston Spa, Nueva York, junio 26, 1819 m. en Mendham, Nueva Jersey, enero 26, 1893), quien se destacara como general héroe de la Guerra Civil durante el período 1861-1865, concibió el juego del béisbol en 1839 (apenas contaba ¡20 años! entonces), estableciendo sus reglas características, aunque algunas evoluciarían con el transcurrir del tiempo. El mismo año que quedó instituida, los miembros de la original BBWAA seleccionaron a sus cinco primeros exaltados, que fueron George Herman «Babe» Ruth, Tyrus Raymond «Ty» Cobb, Walter Johnson, Christopher «Christy» Mathewson y Honus Wagner.

Sin embargo, durante sus primeros tres años de existencia, la institución no tuvo sede propia y, por ende, tampoco había establecido Museo, Galería de Exhibición de imágenes de los exaltados ni Biblioteca. Sus miembros, aunque se reunían con cierta regularidad, no trabajaban de manera colectiva. Por fortuna, los ejecutivos de una importante compañía con sede en Cooperstown, Singer Manufacturing Company, fabricante de las famosas máquinas de coser y otros equipos relacionados con la textilería, consideró que la referida Asociación podría ser un vehículo idóneo para impulsar el flujo de visitantes a la zona y, así, agilizar el comercio.

A esta empresa, que posteriormente se mudaría a LaVergne, Tennesse, se le atribuye haber financiado la creación del Salón de la Fama del Béisbol como se le conoce en la actualidad e El mismo fue inaugurado el 12 de junio de 1939. Igualmente financió el monumento que perpetúa la figura de Doubleday, a cuyo ingenio se debe el que es reconocido como el Deporte Nacional de Estados Unidos y el más practicado en la mayoría de los países caribeños, aunque durante las últimas década ha cobrado inmensa popularidad en Japón donde, según muchos entendidos, se está jugando a un nivel muy superior al de las Grandes Ligas –, Korea y algunas naciones europeas. No se equivocaron: al cabo de pocos años Cooperstown era conocido mundialmente por su Salón de la Fama y por ser cuna del béisbol.

A los aspirantes a ingreso, además de una trayectoria lo suficientemente brillante que amerite tal reconocimiento, se les exige un mínimo de diez años de actividad ininterrumpida con equipos de liga mayor (a los que no aportan sus pasos por equipos filiales de liga menor) y un mínimo de cinco años de espera tras haberse retirado. Es entonces cuando empiezan a ser considerados por los votantes, que son los periodistas afiliados a la BBWAA y el Comité de Veteranos, integrado por miembros del Salón de la Fama que, también, han merecido el Premio J.G. Taylor Spink (a la Excelencia Periodística) o el Premio Ford C. Frick, con que se honra a aquellos que han consagrado sus vidas a impulsar este deporte desde fuera del terreno de competencia. Porque, además de a jug adores extraordinarios, aquí también se honran las aportaciones de dirigentes, apoderados, cazadores de talentos (o scouts), periodistas especializados y narradores para la radio y la televisión.

 No habría otra manera mejor de cerrar este escrito que agregándole el dato de que Roberto Alomar también encabezaría el cuarteto de boricuas exaltados al Salón de la Fama de la Serie del Caribe, el miércoles 2 de febrero. Carlos Baerga, Cándido Maldonado y Luis «Mambo» De León serían los otros. Esta exaltación marcaría los actos de apertura de la Serie de Béisbol del Caribe que este año se celebraría en el recién reinaugurado Estadio Municipal Isidoro «Cholo» García, de Mayagüez. 1-fin

R.R.A.L. / KTA 
Enero de 2011.