El más emotivo poema
dedicado a un perro
         
Bienvenido Hernández Vargas (n. en Quebradillas, octubre 11, 1918 – m. en Hato Rey, octubre 27, 1996) fue un distinguido abogado que, también, se destacó como poeta, declamador, cantor y promotor del tango en nuestro País. Se recuerda que en un salón aledaño a su oficina, en la Calle Acapulco entre las avenidas Andalucía y Rosevelt, en Hato Rey, estableció un pequeño centro bohemio tanguero al que bautizó como El Gotán. Allí, desde los tempranos años ‘70, organizó numerosas veladas con las participaciones de los más reconocidos exponentes del elegante ritmo del dos por cuatro argentino-uruguayo.
 
Este puertorriqueño irrepetible fue uno de los pilares en la fundación de la Peña del Tango Isabela, iniciativa de otro notable estudioso de esta música, José «Pin» Grafals González (1918-1986), quien fue su presidente desde el principio (marzo de 1976) hasta su fallecimiento. A esta institución se le acredita haber dado vida al tradicional Festival del Tango de Isabela que se celebra durante el fin de semana de junio que coincide con el aniversario luctuoso del mítico Carlos Gardel (1890-1935). También gestionó la develación del monumento a este extraordinario intérprete y compositor (obra del escultor argentino Teodoro Alberto Bourse Herrera) en aquel municipio del Noroeste de Puerto Rico, el 24 de junio de 1985, por lo que se considera a Isabela «La Capital del Tango de Puerto Rico».
Bienvenido Hernández Vargas ocupó el cargo de presidente de Actas Públicas del Colegio de Abogados de Puerto Rico desde 1981 hasta el final de su vida. A lo largo de aquellos quince años, organizó numerosas funciones tangueras en el teatro de dicha institución, en el sector santurcino de Miramar, con las participaciones no sólo de artistas boricuas, sino también internacionales. Él solía actuar ejerciendo sus facetas de presentador, declamador y cantor, siempre identificándose como «Guido Gotamando».

En reconocimiento a su incansable labor como estudioso y promotor del tango fue incorporado como miembro de la Academia Porteña del Lunfardo, convirtiéndose en el primer puertorriqueño en representarnos en tan prestigiosa institución cultural argentina, presidida por el periodista e historiador José Gobello.

Un poema que acostumbraba recitar durante sus presentaciones es el titulado Sultán, posiblemente el más conocido entre los tantos que escribió y que, a juicio de muchos, es el más emotivo de cuantos se han dedicado a un perro en Puerto Rico. Figura en el repertorio del destacado actor y declamador David Ortiz Angleró. Aquí se los ofrecemos1-fin

                          
Sultán
  Al rescoldo de una esquina del granero reza Sultán,
con las patas en cruces y los ojos azules disparados al Cielo.
Su plegaria interrumpe para ladrarme cuando llego.
De viejo él y de cambiado yo,
se trastorna el cariño de otros tiempos.
 
Cuando me regalaron ese pichón de perro,
 yo también era joven. 
Hoy los dos somos viejos.
Para él, largas noches de vigilia
y, para mí, este soñar eterno.
Ambos, con una nota de tortura,
vamos camino de lo incierto.
  
   Se alejaron los años de mi infancia
y mis padres, anhelosos de mi bien, me empujaron
a lo que ellos llaman “el progreso”.
Atrás se quedaban las montañas, lo mío…
En frente aparecían las ciudades, lo ajeno.
 
Si pastoreaba yo mi vaca «India»,
Sultán era mi compañero.
Yo, en cambio, le hacía gargantillas
con bejucos de puerco.
Compartía con él mis apetitos y, de regreso,
una sóla ración para los dos, como hermanos gemelos.
 
Una tarde me vieron las campiñas en dirección al pueblo.
Sultán me acompañó por la vereda.
Le ordené que volviera a cuidar en mi ausencia
de mis cosas, de aquellas cosas que llevaba adentro.
 
  Lo vi volver, porque obediente era, con el hocico bajo,
los pasos cortos, como cansado el cuerpo.
Y sentí que me hería las entrañas un aullido del perro.
¡Sultán lloraba! ¡Yo también lloraba
y lloraban los campos en silencio!
 
 
Hoy que he vuelto a mi casa del campo,
mamá me ha contado que Sultán está enfermo,
porque creyó que yo no volvería
y lo hirió mortalmente mi recuerdo.
 
  Con paso cauteloso, me dirigí a la esquina del granero 
y… ¡qué tristeza! Dormido para siempre como un niño,
encontré a Sultán, mi amigo de la infancia,
el único, tal vez, por lo fiel y lo bueno.
 
 Y dicen los que vieron su partida,
que de tanto esperarme, cuando me vio llegar
se le rompió la vida de contento.
 
M.L.O. / KTA
Diciembre 2011.