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Categoría: Urbano
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Publicado: 27 Marzo 2013
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Origen y evolución de la Semana Santa
en la tradición puertorriqueña
Por Rachell E. López Ortiz
Editora de KooltourActiva Boricua
La Semana Santa es una de las tradiciones cristianas más antiguas entre las que se celebran en América. Su origen se remonta al año 325 o primer cuarto del Siglo 4, cuando el emperador Constantino I El Grande, del territorio que hoy ocupa Turquía, convocó a los principales líderes de la Iglesia Católica a la ciudad de Nicea - hoy conocida como Iznik - para celebrar lo que llamó Concilio de Nicea I y que pasaría a la historia como Primer Concilio Ecuménico. Pero, en realidad la iniciativa no fue de aquel mandatario, pues éste seguía el consejo y las instrucciones para tal fin del Obispo San Osio de Córdoba.
Como ha sido hasta nuestros días, su propósito era conmemorar la entrada de Jesús a Jerusalem cuando el pueblo lo aclamó como Rey con palmas (Domingo de Ramos); su última cena en la que, según el Nuevo Testamento, brindó pan y vino a sus apóstoles dando origen a la Comunión o Eucaristía (Jueves Santo); muerte en la Cruz del Calvario (Viernes Santo); su día de reposo en el sepulcro (Sábado de Gloria) y, finalmente, su Resurrección (Domingo de Resurrección o Pascua de Resurrección).
Este año de 2013, el orden cronológico de esta efeméride corresponde a las siguientes fechas: Domingo de Ramos (marzo 24); Lunes Santo (marzo 25); Martes Santo (marzo 26); Miércoles Santo (marzo 27); Jueves Santo (marzo 28); Viernes Santo o de Dolores (marzo 29); Sábado de Gloria (marzo 30); Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua (marzo 31). También suele guardarse el primer día de la semana siguiente, al que se le llama Lunes de Pascua y que, este año, corresponde al 1 de abril.
La conmemoración de esta festividad católica no siempre acontece en fechas estrictamente determinadas. Rota todos los años, aunque síempre cae entre los postreros días de marzo y la tercera semana de abril. Esto se debe a que se ha mantenido fiel a la tradición hebrea, en la que se celebra a la par de la llamada Fiesta de Pascua Judía y esta es movible.
La Crucifixión de Jesús aconteció,
aproximadamente, el 7 de abril del año 30.
Tal circunstancia explica, de paso, la razón por la cual se asocia dicho período con la palabra “pascua” - o pesaj en hebreo -, que significa éxodo y representa la huída del cautiverio en Egipto del pueblo judío en búsqueda de la libertad. De acuerdo con respetados historiadores, la crucifixión de Jesús ocurrió, aproximadamente el 7 de abril del año 30, durante el dominio del tirano Poncio Pilato. Incluso el jueves previo a ser atrapado, él y sus discípulos celebraban la víspera de la Fiesta de Pascua Judía.
La religión cristiana establece que su crucifixión había sido concebida por Dios, quien sacrificó a su hijo unigénito enviándolo a morir a la Tierra para, con la sangre de éste, por fe, redimir de pecados al mundo. Claro: tal argumento está colmado de simbolismos, por lo que no se puede interpretar de manera literal. Gran parte de las características de los Vía Crucis que se recrean durante la Semana Santa y que se remontan a la práctica devocional que ya existía en época del Imperio Romano y que conoceríamos en el Nuevo Mundo se basan en los relatos de Egeria, una peregrina romana que había visitado la Tierra Santa.
La tradición de ingerir mariscos en Viernes Santo
en lugar de otros clases de carne es, más bien,
de carácter folklórico que verdaderamente cristiano.
Por otro lado, la penitencia del ayuno con el propósito de subsanar pecados o como símbolo de búsqueda de pureza en el cuerpo se remonta a los comienzos del cristianismo, aunque evolucionaría con el transcurrir del tiempo. Originalmente, los católicos ayunaban durante toda la Cuaresma. Sin embargo, la Iglesia planteaba que sólo se hiciera el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Aun así, hasta el Siglo 19 y, en algunas naciones eminentemente católicas hasta los albores del 20, los cristianos no consumían carne ningún viernes del año. Tal era su forma de reverenciar a Jesús, descrito en las Sagradas Escrituras como el Santo Cordero de Dios que fue llevado al matadero (o sea, a la Cruz del Calvario). A lo largo del pasado centenio dicha tradición se fue suavizando y los devotos tranzaron por no consumir carnes sólo en Viernes Santo, excepto la de pescados y mariscos. No obstante, esta costumbre no transcendería de ser una tradición de matiz más folklórico y popular que verdaderamente cristiano.
En Puerto Rico, la Semana Santa se celebró por primera vez en 1521 con procesiones al estilo sevillano y cánticos del mismo origen. Hasta ya avanzado el Siglo 20 era tercera en jerarquía entre las celebraciones más esperadas por los puertorriqueños, antecedida por la Navidad y las Fiestas Patronales.
Hasta el umbral de la década de los ‘70, los siete días “santos” mantuvieron estatus oficial, guardándose como feriados. Por ejemplo, las escuelas públicas permanecían cerradas y muchas oficinas gubernamentales recesaban sus prestaciones de servicios. La radio comercial alteraba totalmente sus programaciones y cuanto predicador había aprovechaba para tomar pauta y los curas y pastores emergían como las estrellas del momento. El medio se convertía en eje de un verdadero maratón de sermones que, si bien complacía a los fieles feligreses de diversas congregaciones, también resultaban agobiantes para quienes no lo eran.
La televisión aportaba igual dosis de sermoneo y desenpolvaba la sección religiosa de su filmoteca rellenando la cartelera de toda la semana con viejas películas, la mayoría españolas. Se recuerda que el cura cubano René León, pionero en ofrecer misas y sermones en la pantalla chica boricua, fue puntal en la gestión de que, a través de Telemundo / Canal 2, se televisaran los eventos que, con motivo de esta celebración, organizaba la Catedral de San Juan y otros templos capitalinos. Y, cada Viernes Santo, la oferta estelar de los principales canales televisivos era la proyección de alguna de las versiones cinematográficas de Muerte y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que se había televisado año tras año. Muchos fieles optaban por el montaje teatral que, desde los postreros ‘40, se presentaba en el Parque Sixto Escobar, en Puerta de Tierra, casi siempre con el inolvidable Ricardo Palmerola encarnando al Salvador.
En las salas de cine, la historia era idéntica. Como cada año, otra vez titulos de producciones hollywoodenses como Quo Vadis? (MGM, 1951); Androcles and the Lion (RKO Films, 1952); The Ten Commandments (Paramount Pictures, 1956); Ben Hur (MGM, 1959); Salomon and Sheba (United Artists, 1959); The Story of Ruth (20th Century Fox, 1960); King of Kings (MGM, 1961); Barrabás (Columbia Pictures, 1962); Sodom and Gomorrah (20th Century Fox, 1963) y The Greatest Story Ever Told (United Artists, 1965), volvían a ocupar las marquesinas. Habia avalancha de religión, pues nada de lo que hoy se denomina secular tenía espacio durante estos siete días.
Los pueblos apartados de San Juan que contaban con bandas municipales, al menos podrían disfrutar de la Procesión de Viernes Santo con las marchas fúnebres y los himnos católicos que las mismas interpretaban recorriendo lentamente las calles de los cascos urbanos mientras los devotos católicos las acompañaban haciéndoles coro. Entre grandes sectores de las comunidades de estos municipios se percibía un aire de solemnidad y hasta de dolor, tan evidente en los compungidos rostros de la gente, por el atroz crimen cometido contra el Hijo de Dios - como si éste hubiese sido crucificado en fecha reciente -, que generaba desesperación entre los más mundanos e irreverentes.
La gran cantidad de sermones y solemnidad que imperó
hasta el umbral de los ‘70 desembocó en que el evento
más esperado de la Semana Santa
fuera el… ¡Gran Baile de Sábado de Gloria!
Más o menos a partir de 1970, la tradición de guardar la Semana Santa completa perdió su carácter oficial. Posiblemente, porque al Gobierno le resultaba oneroso costear tantos días feriados y porque buena parte de la economía nacional se paralizaba o aminoraba. Entonces se determinó que sólo se reconoceria al Viernes Santo como feriado. Aunque el pueblo fervorosamente cristiano continuaría fiel a la vieja tradición, la actividad comercial, la gubernamental y la rutina diaria en pleno recobrarían su curso normal.
Es oportuno recordar que, ya para entonces, habría cobrado impulso la celebración de los bailes de Sábado de Gloria, que constituían una alternativa para aquellos no devotos, ante la gran cantidad de sermones y solemnidad. Los principales centros de diversión aprovechaban para convocar a los bailadores a botar el estrés raspando la hebilla y rumbeando al compás de las orquestas más estelares. Naturalmente, para éstos, dicha fecha era esperada con ansias locas.
El primer Gran Bailable de Sábado de Gloria que se registra en Puerto Rico aconteció en el Escambrón Beach Club, en Puerta de Tierra, con un “mano a mano” protagonizado por la orquesta de Rafael Muñoz y la Orquesta Casino de la Playa, con sus cantantes Miguelito Valdés y Walfredo De Los Reyes, el 8 de abril de 1939. Se promocionó bajo el calificativo de “¡El Gran Baile del Siglo!”
Domingo de Ramos de 1937: uno de los días
más amargos en la historia de Puerto Rico.

Cada Domingo de Ramos, los puertorriqueños que tenemos conciencia conmemoramos, igualmente, unos de los eventos más dolorosos que registra nuestra historia. Aconteció en el centro de la llamada Perla del Sur, exactamente entre las 3:15 y 3:30 de la tarde del 21 de marzo de 1937. Resulta que dos días antes, el Partido Nacionalista había obtenido la autorización del alcalde ponceño José Tormos Diego para realizar una marcha con la que sus afiliados conmemorarían la Abolición de la Esclavitud en 1873 y, de paso, protestar por el encarcelamiento de su líder Pedro Albizu Campos. Casi a punto de iniciarse la planificada actividad, el entonces gobernador norteamericano Blanton Winship ordenó la cancelación del permiso. Para asegurarse de que la marcha no se realizaría asignó un pelotón de agentes de la Policía para impedirla “a como diera lugar”.
El oficial Guillermo Soldevilla, al mando de catorce agentes, se colocó frente a los manifestantes. Por la parte trasera, hizo lo propio el comandante Rafael Molina con otros nueve agentes, éstos armados con ametralladoras y bombas de gas lacrimógeno. Al Oeste (o área derecha) se colocó otro jefe policíaco, Antonio Bernardi, junto a once hombres a su mando, también cargando ametralladoras. Al Este (o área izquierda) se colocaron otros doce policías portando fusiles.
Debido a que esta sucia movida del Gobierno fue sorpresiva, de última hora, los organizadores casi no tuvieron tiempo de enterarse, por lo que se dispusieron a llevar a cabo sus planes. Llegado el momento, los llamados Cadetes de la República formaron tres filas para iniciar el desfile. Tras ellos se colocó un Cuerpo de Enfermeras. Cuando la banda comenzó a ejecutar La Borinqueña, ambos grupos comenzaron a marchar y, de inmediato, la Policía a dispararles de manera cobarde, traicionera e inmisericorde.
Saldo: 19 muertos (17 hombres y dos mujeres) y alrededor de un centenar de heridos, entre ellos simples curiosos y transeuntes. Las dos feminas que cayeron abatidas por las balas fueron identificadas como María Hernández Del Rosario y Georgina Maldonado. Ésta última, una niña de trece años de edad. Aquel fatal episodio se perpetuó en la historia de Puerto Rico como La Masacre de Ponce, símbolo de la entonces abierta persecusión e intolerancia de la oficialidad gubernamental contra aquellos que profesaban el ideal de Independencia para nuestro País.
El gobernador Winship movió todas sus influencias para evitar que su nombre quedara manchado por su condenable acción. Pero, gracias a las gestiones e insistencia del mucho más decente congresista Vito Marcantonio, quedó comprobada su culpabilidad, por lo que el presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, lo destituyó de su cargo en mayo de 1939.
A continuación, cerramos este reportaje con una breve muestra de la Semana Santa en nuestra poesía nacional:
Crucifixión
Autor: Carlos López Dzur.
(Tomado de El Libro de Anarquistas)
Él quisiera vivir toda la vida
para dar a los Abram de su comarca,
a los herederos del Sol,
las manos de attar,
la esencia de las rosas.
Él quisiera llevar los rayos de luna
a la tierra astral y vital de las sodomas,
pero no será de ese modo.
Lo besará la muerte.
Evitarán a golpe de traiciones
la bondad de todos los milagros.
Desde una cena, le tenderán una celada
con pan de levadura.
Y con vinagre, en vez de vino,
restregarán su boca.
Lo crucificará un paradigmático suicidio
en nombre de la Historia que maldice a sus poetas
y atropella a sus profetas más hambrientos.
Él escuchó a Eliseo, temeroso de los sirios,
y protegió a Ezequías contra Senaquerib.
Él dio a Agur la moderación de sus deseos.
Estuvo en la paciencia de Job
y fue en la lealtad de Peniel para Jacob.
Al suplantador bendijo con una paradoja.
Premió a la viuda inoportuna por su perseverancia.
Fue carpintero entre los humildes,
pescador de almas perdidas
y pastor y zapatero y exorcisó
cada tipo de naufragio y limbo tenebroso.
... pero lo van a colgar entre ladrones
porque se atreve a llamarse a sí mismo
el Cristo, Hijo del Hombre,
Dios hecho carne, primogénito
de la creación, pan de vida.
Él desafió a los escribas
y, a los sabios autojustificados en santidad,
les llamó sepulcros, ciegos de grandes ciencias,
baturros, chantajistas, cagatintas y embusteros.
Él cambió los esquemas a los ortodoxos.
Por eso tendrá su última cena.
No volverá a comer del shabat de la alabanza
entre los vivos ni probará los vinos,
la sustancia del deleite, con sufridos y golpeados.
No darán a que él pruebe ni sopas de lentejas.
Ni un mendrugo; antes le cortarían la lengua
o sacarían de cuajo sus dientes.
Son capaces de hacerlo.
A su muerte se nombra el Escarmiento,
el Calvario, el Nuevo Orden protectivo
para que otros no se atrevan a imitarlo.
La Crucifixión de Cristo
Autor: Rogelio García Galindo.
Siento vergüenza y dolor
cuando contemplo mis manos.
Veo tu sangre, Señor,
en mi diestra ensangrentada,
mezclada con el pavor
de tu espalda flagelada.
¿No puse yo alguna espina
en tu frente traspasada?
¿No fueron también mis manos
quien flageló tus espaldas?
¡Qué angustia siento, Dios mío,
cuando te miro a la cara!
Más que dolor, siento frío,
que hasta mi alma está helada.
¿No habrá un rincón en la tierra
donde me pueda esconder?
¿Ni una gota de agua
que pueda calmar la sed
de mi alma atormentada?
Me traspasan tus palabras
de amor, entrega y bondad
y no llego a comprender
de tu carisma, yo nada,
ni por qué pudo Caifás
derramar sobre tu espalda
aquel río de maldad
por el Sanedrín avalada.
Y sigo sin comprender
¡por qué Pedro te negara
hasta "por tercera vez!
antes que el gallo cantara".
Yo siento como si el alma,
de Pedro, Judas y Caifás,
de Pilato y Barrabás,
fueran parte de mis manos
ensangrentadas,
y no las puedo lavar,
porque no encuentro la fuente
de tu bello manantial.
Mis labios hablan de Ti
y de tu obra magistral.
Pero mi alma y mi mente
están en otro lugar,
porque no soy diferente
de Herodes o de Caifás.
Soy de la misma madera
pero con otro collar.
Soy una de tantas fieras
que hay en la humanidad,
que en cada Semana Santa
te vuelven a crucificar.
Sí, porque en mis labios está Pedro
para volverte a negar
y en mis manos las espinas
que te han de coronar.
Mientras mi frente se inclina
buscando la claridad
de tu Doctrina Divina,
de la luz y la verdad.
Deseo que llegue el día
que te pueda comprender
y entonces no habrá agonía,
ni sangre en mis manos y piel,
solamente hipocondría
para inyectar de tu miel,
entre los labios del hombre
que te negó aquella vez.
Canto de la locura
Autor: Francisco Matos Paoli (1915-2000)
(frangmento, 1962)
Yo sé que de la saliva de aquel loco
brotó el ramo rojo de rosas,
brotaron las constelaciones,
el aéreo andar que redime la planta encanecida.¿Por qué la cruz se parece a una estrella?
¿Por qué el polvo me invita
en medio de la noche esplendorosa
y cuando nos parecemos al Oculto,
los coquíes, en su pulso virtual del acto,
apagan todo mar enamorado?Hay algo en el mundo que no cesa.
Tal vez el diapasón en desvarío,
la rosa que es eterna en el instante,
el peregrino que cesa por amor
hacia el otro que sube
en su fatal domingo de inocencia.
R.E.L.O. / KTAB.
Marzo 15, 2013.