A Franklin Hernández (n. en Añasco, diciembre 31, 1934 – m. en Naranjito, julio 24, 1985), a quien se le acredita haber sido la primera persona que se dedicó a promocionar discos en el mercado boricua, gestión que implicaba llevarlos, gratuitamente, a las radioemisoras e intentar impulsar la difusión de determinadas grabaciones, valiéndose de la relación directa que lograba establecer con disc-jockeys y programadores. Hasta entonces (1959), la norma generalizada era que las estaciones compraran o adquirieran, mediante intercambios con las tiendas, los fonogramas que utilizaban en sus programaciones.
Durante su temprana juventud, Franklin Hernández fue a vivir al Barrio Latino, en Nueva York. En la Gran Urbe ejerció diversos oficios y trabajó en fábricas. Hacia 1958 encontró empleo en las oficinas de distribución y almacén de los sellos mexicanos Peerless y Musart. Allí desempeñó las funciones de mensajero primero y guagüero después. Gracias a su dinamismo, cuando aquella empresa se dispuso a introducirse en el mercado de Puerto Rico y estrenar el sistema de promoción que impera en Latinoamérica hasta nuestros días, él fue el seleccionado para hacerse cargo de tal tarea. A ello colaboró también el hecho de que era nativo de esta tierra, lo cual – de acuerdo con el criterio de sus jefes – significaba una ventaja para cumplir su encomienda. Lógicamente, casi la totalidad de las grabaciones que le tocó en suerte promocionar eran de artistas mexicanos: Antonio Aguilar, Juan Mendoza, Flor Silvestre, Lucha Villa, Mike Laurie, Pedro Infante y, más adelante, Olga Guillot, Alberto Vázquez y Manolo Muñoz, entre ellos.
Hacia 1964 pasó a laborar para la compañía Cotique Records que, a la sazón, nutría su catálogo con artistas norteamericanos. Siempre presumiría orgulloso de que, fruto de su insistencia, logró convencer a los propietarios de aquella compañía, Stanley Lewis y George Goldner, de incorporar a su elenco a exponentes de los ritmos afrocaribeños. A raíz de ello, ingresaron a Cotique, entre otros: Johnny Colón, Joey Pastrana, The Lebron Brothers, Louie Ramírez & Orquesta, Meñique, Chivirico Dávila, Gilberto y Su Sexteto, New Swing Sextet, The TNT Boys, Los Kimbos, etc. Paralelamente, durante esta etapa, promocionaba los importantes sellos Alegre y Musicor. Este último tenía entonces, como máxima estrella, a Tito Rodríguez. Por alguna razón, alrededor de 1968 se alejó de la promoción y se empleó como salvavidas en un hotel de San Juan. Durante este tiempo, colaboraba en calidad de corresponsal de la revista Farándula que Bernardo Hevia todavía mantenía en Nueva York.
Una desgracia, empero, alteró el rumbo de su vida a partir de 1969: mientras cambiaba un neumático a su automóvil, fue arrollado por otro vehículo, resultando muy herido y con ambas piernas quebradas. Y, aunque el período de recuperación se prolongó por más de un año, quedó marcadamente cojo para el resto de sus días.
Eterno enamorado de la radio, Franklin Hernández Nieves quiso entonces ser locutor y, como parte de su tratamiento de rehabilitación, tomó un curso de Locución en Nueva York. Allá emprendió una nueva trayectoria dentro de dicha disciplina, ocupando los llamados “turnos suicidas” – entiéndase, de las madrugadas (esos que muy pocos locutores desean) – en la WHOM primero y en la WBNX después. Curiosamente, a él le encantaba ese horario. No fue un locutor culto, talentoso ni poseedor de una voz matizada y bonita. Pero logró caerle en gracia al público por su estilo parlanchín y pueblerino.
Al retornar a Puerto Rico en 1980, el experimentado Jimmy Montañez le brindó cabida en su programa El Club de los Consumidores, transmitido de lunes a viernes a través de la sanjuanera WIAC AM, que también ocupaba todo el horario de la madrugada. Algún tiempo después, cuando Montañez abandonó tal audición, asumió también la producción (venta de cuñas comerciales) de la misma, rebautizándola como Club 740. Compartía el micrófono con Tito Chévere.
Franklin Hernández Nieves falleció trágicamente. Cuando se disponía a llegar a la emisora para iniciar, como de costumbre, su programa radial, perdió el control de su automóvil cayendo por un precipicio de 71 pies de profundidad, en la Carretera 167, en Naranjito, cerca de Bayamón, el 24 de julio de 1985. Su programa luego fue retomado por Jimmy Montañez, quien le devolvió su nombre original y delegó su animación en Juan Ramón «Cano» Reyes. ![]()