Durante los últimos 21 años de su vida, el humorista cubano Manuel Montero Ojea «Membrillo» (n. en La Habana, noviembre 11, 1926 – m. en Santurce, julio 5, 1994) desarrolló una brillante trayectoria artística en la televisión puertorriqueña. Se le recordaría como uno de los libretistas más prolíficos y por su naturalidad al interpretar o crear personajes inspirados en tipos callejeros de su bulliciosa tierra natal. Sus amigos, compañeros y allegados lo describirían como un hombre sumamente simpático, amante de las fiestas, los viajes y la pesca. El remoquete que adoptó como seudónimo al emprender su trayectoria profesional corresponde al nombre del típico dulce de coco caribeño que los boricuas conocemos como “marrayo”.
«Membrillo» era hijo de inmigrantes gallegos. Su formación intelectual fue eminentemente autodidáctica. Siendo adolescente volcó su interés hacia el humorismo. Para su suerte, dentro de esta faceta logró contar con varios mentores de lujo: Castor Vispo – autor de los libretos de La Tremenda Corte – y Álvaro de Villa, entre ellos. Hacia 1944 encontró cabida en el importante semanario de sátira política Zig-Zag, a cuyo cuerpo de redactores pertenecería durante largos años. Más adelante, también colaboraría con otro llamado Pa’lante. En 1946 escribió el libreto de La verbena de la tiñosa, parodia de la zarzuela La verbena de la paloma que, orquestada y dirigida por el insigne maestro Rodrigo Prats, protagonizaron Candita Quintana, Alicia Rico y Américo Castellanos en el Teatro Martí. Entonces, nuestro biografiado aún no había cumplido 20 años.
Su segunda pasión era la música. Aunque no fue cantante, instrumentista ni autor prolífico, ya que su actividad como libretista absorbía casi todo su tiempo, compuso varias piezas que alcanzaron considerable popularidad durante la década de los ‘50. Específicamente: La jamaicana, cha-cha-chá llevado al disco por la Orquesta Aragón; A Mayarí, son grabado por Elio Revé y Su Charangón; el vals La muralla y el tango Sola sin él, del repertorio de Berta Pernas y el bolero Yo lo voy a decir, que fue un éxito en las voces del dúo Clara y Mario. También escribió El cohete americano, versión en español y jocosa del jitazo Yellow Submarine – popularizado mundialmente por The Beatles –, que el Conjunto Casino grabó en ritmo de guaracha en 1968.
Exactamente el 23 de junio de 1973 arribó a San Juan, Puerto Rico, junto a su esposa Olga Tavárez y sus hijas Maritza y Mayra. Ésta última, hoy novelista de fama internacional. En nuestra tierra no volvería a componer, pero sí mantendría una intensa actividad artística hasta el final de sus días. Pronto fue reclutado por el también humorista y productor Alberto González para escribir los libretos de algunos de los programas que su empresa, Producciones Bayaney, mantenía en el Canal 7 que, entonces, se identificaba como Rikavisión. Posteriormente, ejerció la misma función para todas las televisoras de nuestro país, empezando por los segmentos de comedia de El show de las 12 en Telemundo / Canal 2.
Sin embargo, su etapa más fructífera fue en WAPA TV / Canal 4, donde escribió las comedias de los espacios producidos por Elín Ortiz Reyes y Luis Vigoreaux. También instituyó el programa Los suegros – luego Los suegros y los nietos –, para el cual creó el personaje de «Ñico Fernández», que él mismo caracterizaba, basado en la imagen estereotipada del exiliado simpaticón y de buen corazón, pero a la vez jactancioso y fantasioso, para quien todo lo que existía en Cuba antes de la Revolución era infinitamente superior a lo existente en el resto del mundo. Esta creación le granjeó inmensa popularidad. Alternadamente, desde 1978 mantuvo la sección humorística Membrilladas en la revista Artistas y, desde 1992, la columna TeVe Teatro en TeVe Guía. En esta última, utilizaba el seudónimo de «Tribilín Cantore». En 1993 y 1994, la Agencia de Publicaciones de Puerto Rico le editó dos volúmenes de Membrilladas con chistes y poemas muy candentes.
Manuel Montero Ojea «Membrillo» falleció en el Doctor’s Hospital, en Santurce, el 5 de julio de 1994, a consecuencia de complicaciones surgidas tras haber sido sometido a una operación del trigémino (un nervio del cerebro). Cumpliéndose su última voluntad, sus restos fueron cremados y, sus cenizas, lanzadas al mar de la que fuera su patria adoptiva. ![]()